Tegucigalpa, 24 jul (EFE).- La Policía Nacional de Honduras descartó hoy la hipótesis de un atentado en el incidente en el que fue dañado el vidrio trasero de la patrulla que brinda seguridad a una hija y un nieto de la dirigente ambientalista Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016.

«La Secretaría de Seguridad y (la) Policía Nacional descartan atentado criminal en contra de la familia de Berta Cáceres», indicó la Policía hondureña en su cuenta de Twitter.

Afirmó, además, que la vida de Olivia Zúñiga y su hijo -una de las hijas y el nieto de la asesinada líder ecologista-, «no han estado en riesgo».

La Policía hondureña aseguró que las medidas de seguridad para proteger a la familia de Cáceres «son permanentes» y que las fuerzas de seguridad son «garantes de su cumplimiento».

La Secretaría de Seguridad de Honduras informó en la víspera de que investiga un incidente en el que fue dañado el vidrio trasero de la patrulla que brinda seguridad a la hija y al nieto de Cáceres.

El incidente ocurrió la noche del día 21, cuando agentes policiales eran relevados por otro grupo policial, que observó «fragmentos de vidrio en el interior del automotor», según un comunicado de la Secretaría de Seguridad.

Según la información oficial, la hija y el nieto de Berta Cáceres no estaban en el interior de la patrulla de la Policía cuando ocurrió el incidente.

El hecho ocurrió casi un mes después de los dos atentados que sufrió Berta Isabel Zúñiga, hija de la líder ecologista, y dos dirigentes indígenas, de los que salieron ilesos.

Según el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Zúñiga, Sotero Chavarría y Asunción Martínez, fueron atacados el 30 de junio de este año en dos ocasiones por cuatro hombres desconocidos.

Seis días después del incidente, la Policía hondureña detuvo al nacional Terencio de Jesús Martínez, quien es señalado como «el conductor» del auto desde el que presuntamente atacaron a Zúñiga y a los dos dirigentes del COPINH, organización que fundó Berta Cáceres.

La líder indígena, defensora del medio ambiente y de los derechos humanos de Honduras, fue asesinada el 3 de marzo de 2016 a tiros en su casa, en la ciudad hondureña de La Esperanza, y por su crimen hay ocho personas presas.