Teherán, 20 jun (EFE).- Un partido de voleibol logró llevar la bandera estadounidense de las «barras y estrella» y el himno nacional de los Estados Unidos a un estadio de Irán, pero no logró que las mujeres pudieran entrar a presenciar el partido pese a los anuncios oficiales de que éstas pudieran romper la estricta normativa local.

La histórica victoria anoche de los locales por 3-0 (25-19, 29-27, 25-20) frente a Estados Unidos en un encuentro por la serie B de la Liga Mundial de Voleibol, en el primer partido de este tipo que se disputa en tierras iraníes, quedó eclipsado por la polémica respecto a la presencia de mujeres en el estadio, una promesa realizada por el Gobierno de Hasán Rohaní que no se pudo llevar a cabo por presiones de los movimientos ultraconservadores.

El partido entre Irán y los actuales campeones de la Liga Mundial concitó una gran espectativa entre los aficionados a este deporte tanto por sus implicaciones deportivas como por la significativa presencia de un equipo de los Estados Unidos en tierras iraníes, el gran enemigo de la República Islámica desde su creación en 1979.

Unas 12.000 personas abarrotaron el estadio Azadi de la capital iraní para presenciar el partido, que se desarrolló sin ningún incidente y en el que la bandera estadounidense y su himno nacional se mostraron sin ningún problema pese a los conflictos que enfrentan a los dos países.

Sin embargo, ninguno de los espectadores que acudieron a ver la victoria iraní fueron mujeres, lo que despertó una tormenta en las redes sociales y fuertes críticas tanto a la República Islámica como a su Gobierno por haber mantenido la prohibición de entrada a ningún representante del sexo femenino a presenciar el partido.

En Irán, la legislación establece una estricta separación entre los sexos en espacios públicos y prohíbe la presencia de mujeres en los estadios, oficialmente para no exponerlas a la violencia y al lenguaje soez que abundan en los eventos deportivos.

Un estricto control de seguridad previno la presencia de mujeres en el partido, para el que las autoridades habían anunciado que podría habilitarse su presencia para este encuentro, si bien finalmente esto no pudo llevarse a cabo.

En las últimas semanas, autoridades del voleibol iraní, así como del Gobierno de Teherán, habían anunciado que sería posible su presencia en este partido y que se habilitarían al menos 200 entradas para familiares de los jugadores, visitantes extranjeras y representantes de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB).

El control fue tal que, según denunciaron algunos usuarios de las redes sociales, prohibidas en Irán pero que se usan con mucha asiduidad por los ciudadanos, que las mujeres no fueron autorizadas a pasar ni siquiera cerca del estadio donde se disputó el encuentro.

La censura no impidió sin embargo que dentro del estadio se vieran carteles que abogaban por la presencia del sexo femenino en los estadios, como la de un muchacho en la que se pudo leer claramente en la retransmisión que decía «Mamá, ojalá pudieras venir».

Organismos como Human Rights Watch se hicieron eco de esta situación y recordaron al Gobierno iraní el derecho de sus mujeres a animar al equipo nacional, y, al mismo tiempo, la necesidad de asegurar la presencia de todo el mundo en los estadios como un básico derecho de todos los ciudadanos y como prevención a la discriminación en el deporte.

En las últimas semanas, autoridades de la Federación y del Ministerio de Deportes apuntaron la posibilidad de que algunas mujeres pudieran estar presentes en el partido, la agencia de noticias ISNA apuntó que esa opción despertó «una dura reacción» de los grupos opuestos a la presencia de mujeres en eventos deportivos masculinos.

En 2014 esta prohibición a las mujeres despertó una ola de protestas y a la detención de una activista irano-británica, Ghoncheh Ghavami, que posteriormente fue liberada sin cargos, por intentar presenciar un partido de voleibol masculino.