Barcelona, 31 mar (EFE).- El barcelonismo, que se ha ido despidiendo poco a poco en los últimos días de Johan Cruyff, sentirá gratitud infinita hacia el holandés por ser el constructor de ese estilo de juego inconfundible, por aquella primera Copa de Europa, pero también por los dos 5-0 conseguidos ante el Real Madrid.

El primero como jugador en el Bernabéu; el segundo como entrenador en el Camp Nou. Será el del próximo sábado el primer clásico sin Cruyff, un tipo irrepetible que transformó ese carácter perdedor del Barça y lo consiguió desde el primer minuto.

Fichó por el cuadro azulgrana cuando tenía una oferta del Real Madrid. «Siempre he sido un rebelde, si alguien toma una decisión, yo tomo otra», dijo entonces Cruyff y en su primer año con la camiseta del Barça, los barcelonistas se llevaron el título.

Pagó el club catalán 100 millones de pesetas por él y la nómina del holandés se depositaba religiosamente en dólares en un banco suizo para de esta manera no estar pendiente de la depreciación de la moneda española, tan habitual por entonces.

Cuando llegó Cruyff a Barcelona hacía catorce años que no se celebraba la Liga en el Camp Nou, una larga travesía por el desierto.

La obra de arte de aquella temporada, la 1973-74, se vivió el 17 de febrero de 1974 en el Bernabéu. El Barça dio un recital de fútbol y ganó por 0-5. Marcó dos tantos Asensi, uno Juan Carlos y otro Sotil.

Cruyff anotó el segundo gol y con la consecución del título, el holandés empezó a entender muchas cosas. Empezó a entender esa rivalidad histórica con el Real Madrid, pero también el agradecimiento del culé de a pie.

«La gente no me felicitaba, me daba las gracias», recordaba el holandés, que vivió ocho clásicos como jugador entre 1973 y 1978. Aquella noche de febrero del 74 fue la mejor con la elástica azulgrana.

Como entrenador, casi veinte años después, Cruyff, ya como entrenador, regaló otra noble mágica para el barcelonismo. Fue otro 5-0 al Real Madrid, una noche que quedará para el recuerdo por el triplete de Romario, que mostró al mundo lo que era una ‘cola de vaca’, el gol de falta de Koeman y el gol más recordado de Iván Iglesias como azulgrana.

Cruyff se ha ido, pero no ha dejado huérfano al club azulgrana ni al fútbol. Creó una manera de jugar en la que se miraron Frank Rijkaard, Pep Guardiola y en cierta medida Luis Enrique Martínez y a partir de ese momento el número de títulos fue aumentando exponencialmente.

El holandés, el hombre del 0-5 y el del 5-0, contemplará desde lo más alto su obra el próximo sábado. Todos los focos estarán puestos en ese número 14 que se ha quedado para siempre en los anales del fútbol y sentirá «gallina de piel», «en un momento dado».

El holandés, el hombre que hablaba mal en cinco idiomas, dejó muchas frases para la historia. Decía que «la solución que parece más fácil, siempre es la más fácil», pero también que si él hubiera querido que lo entendieran, ya se habría explicado mejor.

El idioma de Cruyff era el fútbol, que no entiende de acentos, sino de matices y el holandés se los ha dado todos a un club que desde que él llegó al banquillo (1988) ha conquistado tantos títulos como en sus primeros 89 años de historia.