Lexington.- Cerca de 60 personas se reunieron en la Iglesia Casa de Dios para hacer llamadas a autoridades y detener la deportación de Flavio Cruz, mexicano que cumple con todos los requisitos para permanecer en el país legalmente con la “Acción Diferida”, pero con una orden de deportación para el 27 de febrero.

Un accidente automovilístico el verano lo pasado dejó aún con más problemas. Los médicos le realizaron una cirugía de colostomía emergente, dejándolo con una bolsa pegada a su vientre en lugar de intestino y con fecha para su tratamiento posterior al día que debe abandonar Estados Unidos.

La suerte de Cruz se vio negra hace un año, cuando ICE llegó a tocar a su casa una mañana, supuestamente buscando a otra persona, y terminaron enviándolo a Stewart Detention Center en Georgia, y saliendo bajo fianza con la ayuda de su patrón.

Meses más tarde, a punto de entrar a una audiencia en la corte de inmigración, el abogado que lo representaba le aconsejó de último momento firmar la salida voluntaria, argumentando que era la  opción que más le convenía, ignorando que tenía más oportunidades para defender su estancia.

La vida de Cruz, de 28 años, siguió recibiendo golpes fuertes. Casado y esperando dos niñas, durante el verano viajaba en un automóvil que en medio de la lluvia se accidentó, dejándolo gravemente herido y con importante necesidad de atención médica.

Con una colostomía, los cirujanos lo salvaron de la perforación que sufrió en el intestino, pidiéndole que regrese nueve meses después para reconstruirle las entrañas.

El impacto de  las noticias fue tan intenso que al enterarse, su mujer dio a luz prematuramente al instante, perdiendo a los bebés en el parto.

Con esta serie de dramáticos eventos sucediendo repentinamente, el hombre de origen oaxaqueño ha tenido que seguir adelante, intentando llevar una vida normal en lo posible, a pesar de las limpiezas que se debe realizar a cada momento en el trabajo, iglesia y a donde vaya.

“Quiero que llegue el 27 de febrero porque tengo que saber lo que va a pasar conmigo”, comentó Cruz. “La parte médica, junto con el problema de la deportación lo tengo siempre en la cabeza y me está poniendo loco”.

Imposible salvarse en México

En caso de ser deportado, Cruz asegura que en su país sería prácticamente imposible rehabilitarse.

Para volver a la normalidad físicamente, los médicos tienen que volver a practicarle una cirugía, en esa ocasión para dejarlo como supuestamente estaba antes de sufrir el accidente.

La segunda cita en el quirófano podría ser hasta el mes de abril, debido a que sus órganos internos primero deben sanar completamente.

Si ICE lo expulsa del país antes, Cruz asegura que su condición será imposible de solucionar.
“Es como mandarme a matarme allá de una infección”, comentó él. “En mi pueblo no hay agua limpia para lavar mis heridas y el doctor más cercano queda a tres horas de distancia”.

Los baños e infraestructura en su natal pueblo de San Vicente harían muy complicado para mantener su herida limpia y libre de una infección que podría ser mortal.

Además, está el problema de cómo pagar los gastos médico en México, debido a que la aseguradora que cubre su accidente muy probablemente no lo haría allá.

De acuerdo con James Wilson, abogado de Cruz, hasta el momento tiene una cuenta médica de $87,116, por lo que el profesional está trabajando para que la aseguradora responda.
Mientras tanto, Cruz intenta continuar con su vida diaria, esperando impaciente a que un juez de inmigración decida en un mes su futuro.

Ayúdele

  • Firme la petición para detener la deportación en la página http://action.dreamactivist.org/northcarolina/flavio
  • También llame a la senadora Kay Hagan a su oficina en Greensboro al 336-333-5311 o Raleigh al 919-856-4630.