Llamamos autoestima a la valoración que tenemos de nosotros mismos. ¿Nos valoramos? ¿Nos queremos? ¿Nos gustamos? Esa es nuestra autoestima.

La imagen que tenemos de nosotros mismos empieza desde la primera infancia cuando recibimos los mensajes de nuestros padres sobre lo que piensan de nosotros. La forma de educarnos, de valorarnos, de transmitirnos cariño,  influye en nuestro carácter, y en nuestra autoestima.

Pronto el círculo se amplía y nuestro entorno más próximo nos devuelve, como rebotada en un espejo, nuestra imagen.

“Hay que tener una autoestima equilibrada (la sobrestima también es un problema), para poder ir construyendo tu proyecto de persona. Pensar cómo eres, cómo te relacionas, cómo disfrutas el ocio, cuáles son tus capacidades intelectuales, la autoestima sexual, cómo te desenvuelves en el día a día…En definitiva, tener un concepto claro de ti mismo, algo que es difícil”, señala la psicóloga Julia Vidal.

Aunque las experiencias vitales pueden ir modulando nuestra autoestima, siempre existe una “percepción en esencia de quiénes somos y lo que valemos”, apunta.

“Todo depende de la escala de valores de cada persona, si una mujer piensa que su valor como persona es ser madre y no ha conseguido serlo puede que su autoestima se vea afectada”, señala.

Ir al origen
Aunque la autoestima no suele ser el motivo esencial cuando alguien acude a la consulta del psicólogo. Pero al final siempre surge entre otros problemas emocionales.

“Algunas personas vienen porque reconocen y quieren tratar su baja autoestima, pero la mayoría lo que tienen es depresión y sienten que no valen nada, no tienen motivación. Muchos acuden a la consulta del psicólogo por otras cosas, pero acaban diciendo que tienen que arreglar la autoestima”, señala la especialista.

“Lo primero –añade- es entender de dónde viene la baja estima”.

Algunas causas de la baja autoestima:
Las etiquetas que nos ponen nuestros padres

  • La sobreprotección
  • Las expectativas altas y la frustración de no haberlas alcanzado
  • Las creencias erróneas sobre uno mismo
  • No estar conformes con nuestro aspecto físico
  • El perfeccionismo
  • La insatisfacción
  • Problemas emocionales como depresión, ansiedad z Trastorno de déficit de atención e hiperactividad, niños cuya autoestima se resiente por los malos resultados en los estudios fruto de la falta de concentración.

Una autoestima frágil también se debe a no reparar en la normalidad que nos rodea y tan solo valorar la excepcionalidad. También vivir en una sociedad basada en el “cuanto más tienes más vales”.

¿Cómo trabajar una autoestima frágil?
La psicóloga considera que una vez delimitadas las causas de la baja autoestima hay que trabajar sobre cada una de ellas.

“Cuando tienes baja autoestima es como si te colocases  gafas empañadas a través de las que te miras a ti mismo y al mundo. Puedes hacer una valoración equivocada. Hay que cambiar esas creencias erróneas y para eso hay que desempañar las gafas”, considera la experta.

Es importante analizar el grado de satisfacción que la persona tiene en las diferentes áreas de su vida y para ello se utiliza la Escala de Autoestima de Rosenberg.