El mal de Alzheimer podría comenzar, e incluso ser atacado, desde los intestinos. Al menos es lo que sugiere una investigación del hospital Baptista de Wake Forest, que encontró una relación entre la presencia de determinados microbiomas y los niveles más altos de marcadores de la enfermedad.

La pesquisa fue conducida por dos doctores del hospital: Hariom Yadav, profesor asistente de medicina molecular en la Escuela de Wake Forest, y Suzanne Craft, profesora de gerontología y medicina geriátrica, y directora del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer en el Wake Forest Baptist.

Sus hallazgos fueron publicados en la revista EBio Medicine, y revelan la presencia de ciertos microbiomas intestinales (los químicos producidos por las bacterias que conviven en el tracto digestivo) en pacientes con Deterioro Cognitivo Leve (DLC), que no aparecían en sujetos con cognición normal.

Estos microbiomas pudieron ser relacionados con niveles más altos de la enfermedad de Alzheimer en el líquido cefalorraquídeo de los participantes con DLC.

La buena noticia es que una intervención en la dieta de ambos grupos (tanto el sano como el que reunía a pacientes con DLC) redundó en cambios en el microbioma intestinal y sus metabolitos, que a su vez se relacionaron con niveles reducidos de marcadores de Alzheimer.

“La relación del microbioma intestinal y la dieta con las enfermedades neurodegenerativas ha recibido recientemente una atención considerable, y este estudio sugiere que la enfermedad de Alzheimer está asociada con cambios específicos en las bacterias intestinales y que un tipo de dieta cetogénica mediterránea puede afectar el microbioma de maneras que podrían afectar el desarrollo de la demencia”, explica el doctor Yadav, a través de un boletín del Wake Forest Baptist.

“Nuestros hallazgos proporcionan información importante en la que se pueden basar futuros estudios clínicos y de intervención”, dijo Yadav. “Determinar el papel específico que tienen estas firmas de microbioma intestinal en la progresión de la enfermedad de Alzheimer podría conducir a nuevos enfoques nutricionales y terapéuticos que serían eficaces contra la enfermedad”.

La dieta cetogética mediterránea es alta en grasas y baja en azúcar. Los pacientes que participaron en el grupo fueron sometidos de forma aleatoria a regímenes con poco o mucho contenido de carbohidratos, con períodos de “limpieza” entre ambos, y mediciones de microbiomas y marcadores de Alzheimer antes y después de cada dieta.  

 

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