NUEVA YORK (AP) — Las autoridades de salud continúan perplejas ante los misteriosos casos de daño hepático severo en cientos de niños en todo el mundo.

La mejor evidencia disponible apunta a un virus estomacal bastante común que no es conocido por causar daños hepáticos en niños saludables. Se ha detectado el virus en la sangre de niños enfermos, pero llama la atención que no se ha encontrado en los hígados.

“Hay muchas cosas que no tienen sentido”, dijo Eric Kremer, un investigador de virus en el Instituto de Genética Molecular en Montpellier, Francia.

A medida que las autoridades de salud en más de una decena de países analizan el misterio, se preguntan lo siguiente:

— ¿Ha habido algún repunte del virus estomacal, de nombre adenovirus 41, que está provocando más casos de un problema que había pasado desapercibido anteriormente?

— ¿Los niños se han vuelto más susceptibles debido a los confinamientos relacionados por la pandemia que los protegieron de los virus que suelen padecer?

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— ¿Existe alguna versión mutada del adenovirus que provoca esto? ¿O se trata de otro germen, sustancia o toxina aún no identificada?

— ¿Se trata de alguna reacción errática del sistema inmune disparada por una infección previa de COVID-19 y una posterior invasión de algún otro virus?

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus iniciales en inglés) e investigadores de todo el mundo intentan averiguar qué está pasando.

La dolencia parece ser inusual. Funcionarios de los CDC señalaron la semana pasada que analizaban 180 posibles casos en todo Estados Unidos. La mayoría de los niños fueron hospitalizados, al menos 15 requirieron trasplantes y seis de ellos murieron.

Más de otras 20 naciones han reportado cientos de casos adicionales en total, aunque las cifras más altas han sido en Reino Unido y Estados Unidos.

Los síntomas de hepatitis incluyen fiebre, fatiga, pérdida de apetito, náusea, vómito, dolor abdominal, orina oscurecida, heces de color claro, dolor de articulaciones y coloración amarillenta de la piel.

La magnitud del problema apenas se volvió más clara el mes pasado, aunque los investigadores han estado trabajando durante meses en este problema. Ha sido extremadamente complicado dar con una causa, aseguran los expertos.

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