Lo primero que se tiene que hacer para aprender vocabulario es hacer un curso de degustación básico y entender que al vino hay que descubrirlo no sólo en la boca sino con los ojos y el olfato.

  • Cuando se compra vino, hacerlo en una vinoteca. Los supermercados no suelen almacenar los vinos en las condiciones que requieren para llegar en estado óptimo a la mesa.
  • Apenas se descorche un vino, llenar sólo un tercio de la copa, airearlo un poco (hacerlo girar), meter la nariz literalmente en la copa y tratar de descubrir los descriptores aromáticos (qué aromas se desprenden). Aclaración muy básica pero que vale la pena que saber: si hueles una toronja no significa que se le agregó toronja al vino ni que las uvas crecieron cerca de una planta de toronja, sino que es un aroma característico de la variedad que estás degustando.
  • Intentar comprar dos vinos de variedades diferentes (por ejemplo, Malbec y Cabernet Sauvignon; o Chardonnay y Sauvignon Blanc), descorcharlos y servir dos copas, uno con cada uno. Entonces, hacer el ejercicio anterior y comparar uno y otro.

Pruébelos en forma alternada y piense en las diferencias. Son muy notorias. Esto mismo se puede hacer con dos vinos de la misma variedad (Malbec, por ejemplo), pero de diferentes bodegas. También, aproveche que tiene dos vinos distintos y deguste un sorbo después de haber probado la misma comida. Seguramente se va a dar cuenta que uno de los dos acompaña mejor lo que está comiendo. Esto es lo que los especialistas llaman el “maridaje”.

  • ¡Disfrutar de la experiencia! Conocer más sobre vinos sólo sirve si le permite disfrutarlos más y, finalmente, eso es lo que todos queremos.

Recomendaciones:

Para el que nunca ha tomado vino, lo ideal es empezar con blancos y luego pasar a los tintos. Comenzando por un Malbec, que es una cepa muy amable al paladar pero sin madera (un vino joven, que no sea reserva).