Raleigh.- La noche anterior al accidente, César Vargas se despertó dos veces, sobresaltado por sus sueños. En uno de ellos, vio que una máquina de cemento le caía encima y lo mataba junto a sus compañeros de trabajo, y en el otro, que una persona caía al vacío desde un puente en el que se encontraba trabajando.

A la mañana siguiente, el jueves 13 de noviembre, sus pesadillas se hicieron realidad cuando junto a otros cuatro obreros cayó desde una altura de más de 12 metros al colapsar un puente peatonal en construcción, sobre el que estaban echando cemento.

Se oyó un ruido y de repente ya estábamos yendo para abajo”, dijo Vargas, de 35 años, al recordar el accidente en una entrevista con Qué Pasa en su cama del hospital Wake Med donde se encuentra internado. “Yo quise agarrarme de algo, por instinto, pero no había nada y caí sentado”.

Vargas es uno de los cuatro trabajadores hispanos que sobrevivieron al accidente ocurrido en una obra de construcción en el campus Norte del Colegio Comunitario Wake Tech, en el cual perdió la vida un quinto obrero, José Luis Rosales Nava, de 42 años.

A Vargas, cristiano y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, no le queda ninguna duda de que sigue vivo gracias a un milagro que Dios le condedió.

“Estoy cien por ciento seguro de que el Señor estuvo ahí. Tan solo la pura caída nos hubiera matado a todos, no solo a José Luis, sino hubiera sido por Dios”, dijo convencido.

De hecho, es increíble que este obrero no se haya quebrado ni un sólo hueso tras la caída, aunque siente un profundo dolor en la espalda que le impide mantenerse en pie, por lo que sigue en observación en el hospital.
Otros dos obreros sobrevivientes, José Hernández y Carlos Chávez, ya fueron dados de alta y volvieron a sus hogares y se recuperan de sus lesiones.

Hérnandez, de 43 años, sufrió una lesión en el cuello, mientras que Chávez, de 28 años, se fracturó el pie derecho. Aunque los dos ya no están hospitalizados podrían requerir cirugía más adelante.

El cuarto herido, Omar López, sufrió una fractura en la columna vertebral y recién el domingo pasado salió de la unidad de cuidados intensivos tras ser operado el viernes, pero se encuentra estable.

Momentos de angustia
Ya en su casa, donde se recupera de su lesión en el cuello, Hernández también contó a Qué Pasa los dramáticos momentos que vivió cuando cayó al vacío al colapsar el puente.

“Yo sólo escuché que algo tronó y se derrumbó todo”, dijo Hernández. “Ya cuando vi para abajo, me dije qué está pasando, quise correr, pero ya iba para abajo y caí de espaldas”.

Hernández dijo que a pesar de la caída logró levantarse para intentar ayudar a sus otros compañeros pero no pudo debido al dolor en el cuello.

“Vi a Omar, a César y a José Navas, y pedí auxilio pero nadie se acercaba”, recordó Hernández quien agradece a Dios, a la Virgen de Guadalupe y “sus santitos” como él los llama.

“Dios existe, es grande, que no digan que Dios no ayuda, nomás que uno a veces no lo ve”, dijo.

Carlos Chávez, quien también volvió el domingo a su casa para reunirse con sus tres niños y su esposa Doris Candela, tampoco se explica cómo sobrevivió.

Hasta los doctores me dicen que corrí con demasiada suerte porque sólo me quebré un pie”, dijo Chávez contento de volver a su hogar, aunque triste por la muerte de su amigo José Luis, “Machín”.

“Lo mío se puede curar pero lo de él ya no se cura, él ya no va a volver”, dijo.

Chávez también recuerda con nitidez los terribles momentos del accidente.

“Yo ya estaba terminando, me estaba limpiando las botas cuando sentí que iba para abajo, nada más esperaba la caída, se siente feo”, contó Chávez. “Caí muy recto, no sabía si gritar, no sabía si estaba vivo, sólo se me vino a la mente mi familia”.

Una lección de vida

Para Vargas, el accidente deja una gran lección que él pidió que publiquemos.

“A veces no apreciamos lo que tenemos, no le damos el valor necesario a lo que es más importante: la familia, los hijos. A veces uno sale de la casa sin despedirse siquiera y no sabemos si vamos a regresar”, dijo.

“Dios fue tan grande que no me llevó pero nadie es dueño de la vida, por eso debemos darnos la oportunidad de demostrar a nuestros seres queridos lo mucho que los queremos”, añadió Vargas.