Raleigh.- A José Luis Rosales Nava, mejor conocido como “Machín”, lo recuerdan como un hombre alegre que tenía un don especial para hacer amigos y alguien con quien siempre se podía contar. Además era un padre y esposo responsable y cariñoso, un trabajador incansable y un apasionado por el fútbol.

Rosales, de 42 años y originario de Acapulco, Guerrero, dejó esa imagen imborrable en quienes lo conocieron y ahora lloran su inesperada partida tras perder la vida al caer al vacío cuando se desplomó un puente peatonal en construcción en el que se encontraba trabajando.

“Mi esposo era un buen padre, le gustaba trabajar, se desesperaba cuando no tenía trabajo”, dijo Sonia López, la esposa de Rosales en conferencia de prensa. “Siempre fue muy dedicado para con sus hijos por eso ellos ahora no pueden asimilar su muerte”.

Rosales era padre de tres niños, José Luis, de 17 años, Sheila de 10 años y Luis Mario, de 7 años; por quienes se desvivía trabajando en la construcción desde hace 17 años, según sus familiares.

“Mi hermano era una persona muy buena”, recordó su hermana, Gloria Rosales. “Siempre fue buen padre pero también un buen hijo y un buen hermano”.

Rosales contó que su hermano fue muy querido, porque desde que era pequeño se hacía amigo de todo el mundo.

“Él era muy amiguero. Desde que era chiquito allá en Acapulco se salía de la casa y ya venía con amigos nuevos, todo el mundo lo conocía”, contó Rosales.

En aquellos años en Acapulco fue que conoció a su esposa Sonia, cuando eran adolescentes y se hicieron inseparables. “Ella tenía 15 años, imagínese, se conocen de toda una vida”, contó la hermana.

Rosales dijo que también recuerda a su hermano como una figura paterna pues al ser el mayor fue el encargado de aconsejarla y guiarla, como también a sus otros tres hermanos.

“Él era muy estricto conmigo, siempre me corregía y me aconsejaba”, recordó Rosales.

El hijo mayor de “Machín”, Luis Alberto Rosales, de 17 años, dijo que lo que más extrañará de su padre son sus consejos.

“Él siempre me hablaba mucho, me daba consejos. Nosotros nos quedábamos todos los días afuera de la casa hablando hasta tarde”, contó Luis Alberto.

El joven, que ahora enfrenta el reto de cuidar de sus hermanos y de su madre, dijo que también extrañará compartir con su papá esa gran pasión por el fútbol que le inculcó desde que era pequeño.

“Siempre íbamos juntos a la cancha, yo lo acompañaba a sus partidos y mirábamos juntos el futbol”, contó el adolescente que llevó puesta una camiseta del América a la misa en la Iglesia San Rafael, en memoria de su padre que era hincha de ese equipo.

“Machín” se había graduado de arquitecto en el Instituto Tecnológico de Acapulco antes de mudarse a Estados Unidos, siguiendo a su hermana Gloria que emigró primero.

Se dedicó a trabajar en la construcción, sector donde se hizo conocido por su gran responsabilidad, pero también por su carácter alegre y bromista.

“Como persona José Luis era humilde, tranquilo y siempre fue muy sensato en lo que hacía y en lo que hablaba. Y era muy trabajador”, recordó César Vargas, uno de los trabajadores que resultó herido en el mismo accidente.

“Él era muy alegre, echaba mucho relajo pero también me regañaba en el trabajo”, lo recordó a su vez Carlos Chávez, otro de los obreros heridos.

José Hernández, que también sobrevivió a la caída del puente, dijo que extrañará mucho a “Machín”, quien fue su compañero de trabajo y de equipo, cuando ambos jugaban al fútbol en las ligas locales.

“Nos llevábamos muy bien, teníamos como 15 años conociéndonos. Él era tranquilo pero siempre andaba echando relajo ahí en el trabajo”, dijo Hernández sobre su amigo.