Durham.- El hondureño Erasmo Claros Hernández y el brasileño Anderson de Almeida no eran amigos, sólo se conocían de vista y trabajaban para diferentes compañías, pero la mañana del 23 de marzo coincidieron trágicamente en el mismo andamio que cayó al vacío desde una altura de unos nueve pisos en un edificio en construcción en Raleigh.

Ambos murieron en ese terrible accidente laboral y sus familias se unieron en el mismo dolor para darles el último adiós en multitudinarios funerales el pasado fin de semana.

Erasmo, de 41 años y originario de Marcala, Honduras, fue despedido el domingo con un emotivo servicio en la Iglesia Bautista La Fe de Hillsborough, a la que asistía.

A la ceremonia asistieron sus primos y cuñados, ya que su esposa Glenda Argueta y sus dos hijas, de 7 años y cinco meses, viven en Honduras.

Fue recordado como un hombre cristiano, generoso y dedicado a su familia, a la que sostenía con su trabajo.

“Erasmo era un ejemplo para nosotros”, dijo a Qué Pasa Marco Tulio Claros, primo del fallecido, que viajó desde Nueva York para hacerse cargo de los funerales y fue al que le tocó la triste tarea de identificar el cadáver.

Claros dijo que su primo era el sostén no solo de su esposa y de sus hijas, sino también de sus padres, especialmente de su madre, Teresa, que sufre de diabetes.

“Todas las semanas mandaba dinero para sus medicinas, mis tíos dependían en un 90 por ciento de Erasmo”, contó.

Además, dijo que era generoso con su comunidad, al punto que una vez regaló a sus trabajadores un cafetal que él pensaba vender.

Desde Honduras, Gladys Argueta también recordó a su esposo como un hombre cariñoso con quien pensaba reunirse en noviembre, cuándo él planeaba volver a Honduras.

“Era super especial en todo, buen esposo, buen amigo, buen papá. Todos los días nos comunicamos por teléfono”, dijo Arqueta. “Yo agradezco a Dios que me haya dado un hombre como él”.

Durante el funeral, se leyó una carta de Sofía, la hija mayor de Erasmo, en la que se despide de su padre.

“Hola papá, espero que estés con Dios. Hemos orado mucho por tí. Quiero que le pidas a Dios que nos dé sabiduría para salir adelante y que tu nos cuides desde allá. Hasta luego papá, te veré en mis sueños”, escribió la niña.

Otro emotivo adiós
A la ceremonia asistieron la madre y hermanos de Anderson Almeida, el brasileño de 33 años que murió en el mismo accidente que Claros Hernández.

Fue una cortesía luego que los primos de Claros asitieran un día antes al funeral de Anderson.
Almeida fue despedido también ante decenas de amigos y familiares en una funeraria de Durham, donde se le recordó como un hombre que transmitía optimismo y que tenía un enorme corazón.

La familia declinó hablar con Qué Pasa, pero en el obituario describieron a Anderson como un regalo de Dios al mundo, dedicado a su familia, especialmente a su hijo Ryan, de 3 años, y su hijastra María.

Su féretro fue cubierto con las banderas de Brasil y del Corinthians, el equipo de futbol del cual era un apasionado.