Charlotte.- Carolina del Norte ha registrado su segunda muerte pediátrica por COVID-19. Un lamentable hecho que las autoridades de salud del estado no quieren que se repita, mientras los números de contagio entre menores de edad han visto una subida desde noviembre del año pasado.

El fallecimiento del menor de 18 años ocurrió en Charlotte el pasado 20 de enero.

Gibbie Harris, directora de salud del condado de Mecklenburg, catalogó lo ocurrido de “inaceptable” y llamó a “mantenernos enfocados” para evitar que se repita la tragedia.

La primera muerte “pediátrica” por COVID-19 de Carolina del Norte ocurrió en Durham, el verano pasado. Aurea Soto Morales, una estudiante de segundo grado, falleció el 1 de mayo en el hospital de UNC Chapel Hill.

“No queremos ver a nadie más debajo de la edad de 18 que muera de COVID”, dijo Harris.

Aumento de casos en menores

Desde finales de noviembre, Carolina del Norte ha visto un alto incremento de casos de COVID-19 en niños y adolescentes.  

“Desde Acción de Gracias y hasta hace un par de semanas, vimos un incremento de casos en los niños, en todo Carolina del Norte. El aumento más elevado se dio en los niños entre 10 y 17 años”, explicó en conversación con Qué Pasa, la doctora Kimberly Montez, pediatra del hospital de niños Brenner, en Winston-Salem.

Según datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte (NCDHHS), entre la semana del 29 de noviembre y la del 17 de enero se diagnosticaron 13,197 casos en menores de 10 a 14 años y 11,764 casos en adolescentes de 15 a 17 años.

Si bien este estas son las cifras de contagios más altas desde el inicio de la pandemia, con un pico registrado la primera semana de enero, cuando más de 2,000 menores de cada franja de edad dieron positivo por coronavirus, en los últimos días se ha visto un descenso en la cantidad de niños y adolescentes infectados a nivel estatal.

Contagiada en su escuela

El colombiano Amith Arrieta ha tenido que poner en aislamiento a su hija de 10 años, quien dio positiva a la prueba del COVID-19 luego que un compañero de su clase en la escuela Wallburg Elementary en el condado Davidson fuera diagnosticado con la enfermedad el pasado 5 de enero.

“Es asintomática, es decir que no presentó ningún síntoma”, dijo en conversación con Qué Pasa. “Se contagió en la escuela donde cursa en el grado 5. El colegio nos informó que en el salón de ella había salido un compañero positivo. Mandaron a casa a quienes estuvieron cerca al niño”.

Arrieta comentó que la persona de la escuela, encargada de comunicarle sobre la situación, le dijo que su niña podría regresar el 1 de febrero sin mostrar una prueba de COVID-19 negativa y que no era necesario retirar a su otro hijo que estudia en la misma escuela. Recomendación que le parecieron extrañas a Arrieta.

“Si mi hija estaba infectada, la probabilidad de que el resto de la casa estuviéramos contagiados era muy alta. Así que decidimos no solo estar en cuarentena sino hacerle la prueba y todos usar mascarilla aún estando en casa”, contó. ”Nos hicimos la prueba el 11 de enero y solo mi hija dio positiva. Mi hija no sale de su cuarto no más al baño”.

Es importante hacer la prueba a los hijos

La doctora Montez explicó que los niños pueden ser más propensos a no presentar síntomas del COVID-19, por lo que detectar el virus en este grupo de población puede llegar a ser un reto.

“Creo que podemos estar subdetectando infecciones en niños porque muchos de ellos pueden ser asintomáticos”, dijo la pediatra.

“Cuando un paciente viene a la consulta, y es asintomático, no necesariamente le hacemos el test porque no sabemos si tienen COVID-19 o no”, dijo. Ahora bien, “si dicen que estuvieron en contacto con alguien que tuvo coronavirus, entonces sí que le hacemos la prueba”.

La doctora insiste en la importancia de hacer la prueba a los hijos, no solo para detectar el COVID-19, sino para proteger a todos los familiares del hogar.

“La prueba ayuda a limitar la propagación, particularmente cuando sabemos que los niños pueden tener el virus pero no presentar síntomas”, señaló Montez y recordó que, si bien a veces puede ser un poco incómoda, “es muy segura y no supone un riesgo para los menores”.

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