La banda charlotense Última Nota cerró su presentación en la fiesta de despedida del año con una cumbia imprescindible que puso a danzar a todos.

La voz del cantante ecuatoriano Tyrone Márquez retumbó en el gimnasio del Centro Cultural Midwood, de la Casa Internacional, con la canción “El año viejo”.

“Ay yo no olvido al año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas”, voceó el intérprete de la melodía del compositor colombiano Crescencio Salcedo.

Salcedo, que legó para siempre la alegría a los sentidos, cuerpos y corazones de los bailarines en la temporada festiva anual, tuvo un final trágico.

“Me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca, y una buena suegra”, inscribió en su tonada, pero falleció como un menesteroso, sin nada.

Había nacido en un hogar modesto del caluroso y húmedo pueblo de Palomino, en una orilla del rio Magdalena, en 1913, despuntando el siglo 20. Creció descalzo y analfabeto, no obstante, evolucionó de forma autodidacta en un sensacional y prolífico compositor, que nunca conoció ni el éxito, ni el dinero.

Y entre sus obras, además de “El año viejo”, están piezas inmarchitables, como “Se va el caimán”, “La múcura”, “Mi cafetal”, y “La piña madura”.

Personajes de la talla del cubano Beni Moré, el mexicano Tony Camargo y los integrantes del exitoso trío “Los Panchos”, cantaron y grabaron sus composiciones.

En una de mis visitas a Colombia, en los noventa, tuve la oportunidad de presenciar un drama producido por el Teatro Libre Bogotá, llamado “Crescencio”.

En la obra musicalizada presentada en el Teatro La Comedia de Chapinero, se realiza una sátira contra apoderados, abogados y disqueras, por esquilmar a Salcedo.

“La figura del compositor y los conceptos de propiedad intelectual eran tomados muy a la ligera”, aseveran sus biógrafos sobre la época que vivió Salcedo.

Esa afirmación está consignada en el libro “Mi Vida”, de los investigadores Jorge Villegas y Hernando Grisales, publicado en 1976, tras la muerte del juglar.

“Creó un sello musical para cortar la explotación y engaño del cual fue víctima”, apuntó el periodista Carlos Molano Gómez, en su pieza “Señor Flauta”.

Fue muy poco, muy escaso, el dinero que el trovador percibió por su obra musical, y para sobrellevar los desafíos de la vida trabajó incansablemente.

Se desempeñó como marinero de río y lanchero en la principal arteria fluvial de Colombia, y fue asistente de un comerciante  de telas y prendas.

Sin embargo, desarrolló una habilidad extraordinaria para tallar flautas y gaitas costeñas, lo mismo que conocimientos de botánica, después de convivir con el pueblo Wayu.

Ocho años pasó Salcedo en territorio aborigen y el resto de su vida trasegó la geografía de la costa colombiana y ciudades principales del interior.

Fue vendedor ambulante y yerbatero en todas las urbes, incluyendo Bogotá y Medellín con su pinta: camisa blanca, pantalón café, sombrero vueltiao y mochila tejida.

Gabriel García Márquez lo mencionó en “Vivir para Contarla”, el escultor Rodrigo Arenas Betancur lo esculpió, y Shakira habló de los pies descalzos del andariego.

Nunca se le vio con zapatos, y en situación indigente falleció en Medellín en 1976, a los 62 años a consecuencia de un derrame cerebral.

Crescencio Salcedo encarna la paradoja de la vida de un superdotado, al que todos los años viejos de su existencia no le compensaron su sapiencia.

Gracias a la organización Venezolanos en las Carolinas y la empresa Carlotan Talents por haber incluido a “El año viejo” en el programa del evento.

De la canción de agradecimiento por “una buena suegra” hay versiones de Yuri, Mariachi Potros, Celso Piña, Rigo Tovar, Mariachi Gallos, Mariachi Juvenil de México.

Igualmente, hay grabaciones de Los Flamers, Samo y Los Socios del Ritmo, La Banda Misteriosa, Los Príncipes, mostrando el impacto de la melodía en México.

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