No hay duda que la administración demócrata del presidente Joe Biden es responsable por desorden en la frontera, que dejó de ser porosa para convertirse en escenario constante del cruce de inmigrantes de todos los países, como Pedro por su casa.

Venezolanos, cubanos, colombianos, ecuatorianos, haitianos están llegando a granel.  Igual que los centroamericanos empujados por los contrabandistas de inmigrantes que están haciendo su agosto con los que toman camino rumbo al norte.

El actual gobierno no fue claro en comunicarle a las caravanas de los evidentes refugiados económicos que el asilo es un proceso diferente al pedido de una oportunidad para cumplir el sueño americano de ganar dólares en Estados Unidos.

Pescando en río revuelto, los gobernadores republicanos Greg Abbott, de Texas; Ron DeSantis de Florida; y Doug Ducey, de Arizona, se han dedicado a hacerle la vida de cuadritos a Biden y a los funcionarios demócratas de estados y ciudades  con pensamiento liberal, que acogen a los inmigrantes.

Están enviando latinos que han pasado la frontera en autobuses a Washington DC, Nueva York, Chicago y recientemente en avión a Massachusetts, nada menos que al balneario de Martha’s Vineyard.

Abbott comenzó el envío de grupos humanos en abril, ha trasladado a 10 mil individuos fuera de Texas a un costo de más de 12 millones de dólares.

DeSantis ha proclamado estar detrás del vuelo de dos aviones con inmigrantes venezolanos al sitio de encuentro de la alcurnia estadounidense en Nueva Inglaterra.

Ducey envío casi 2 mil recién llegados a la capital del país.

Aunque Charlotte y Carolina del Norte no han sido foco directo del accionar de los tres gobernadores, hasta aquí se ha sentido el impacto del éxodo masivo de la inmigración caribeña, centroamericana y sudamericana trasladada al norte. Organizaciones de auxilio a los inmigrantes locales y estatales se han declarado en estado de alerta.

El paradigma de los gobernadores es castigar los estados y las ciudades santuario, antes de las elecciones de medio termino y desacreditar las políticas migratorias de Biden, que han afectado a sus territorios.

En papel todo suena como movidas maestras del juego de la política.

Pero con lo que están jugando no son fichas de dominó o canicas de las damas chinas, se trata de seres humanos.

A algunos los marcan adhiriendo a sus cuerpos códigos de barras, algo parecido los números que tatuaban los nazis en los brazos de los judíos.

Abbott, DeSantis y Ducey son unos miserables que para hacerle publicidad a su xenofobia no tienen el mayor respeto por madres, menores de edad e individuos que han recorrido selvas y desiertos en busca de una quimera.

No tienen cuenta que 750 inmigrantes han muerto en la frontera desde octubre del año pasado.

La Unión American de Libertades Civiles (ACLU) interpuso una queja para que investigue irregularidades en las actividades de Abbott en su trato con los inmigrantes.

El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom solicitó al Departamento de Justicia investigar las prácticas de Abbott y DeSantis.


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