Migrantes, en su mayoría de Nicaragua, cruzan el río Bravo hacia EE. UU. en Eagle Pass, Texas, el viernes 20 de mayo de 2022. (AP Foto/Darío López-Mills)

En 1979, cuando yo llegué a este país, hace 43 años, el tema migratorio era un tópico tan caliente y tan controversial, como hoy.

Dos años antes de mí arribo, en 1977, el presidente Jimmy Carter, había propuesto legalizar a los indocumentados que se hallaban en Estados Unidos desde el inició de los setentas, pero la legislación no prosperó.

“Muchos de ellos han sido residentes respetuosos de la ley que buscan una nueva vida y son miembros productivos de sus comunidades”, dijo Carter, el 4 de agosto de 1977.

En lugar de lograr la legalización, Carter confrontó una de las peores crisis migratorias de la historia, el éxodo de El Mariel, que significó la llegada masiva a Florida de 125 mil exiliados cubanos, durante seis meses en 1980.

El actor y exgobernador de California, republicano, Ronald Reagan, ganó arrolladoramente las elecciones presidenciales de noviembre y se posesionó el 20 de enero de 1981.

Durante el gobierno de Reagan, se aprobó el Acta de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA), más conocida como la “Amnistía”, que ajustó el estatus migratorio de tres millones de inmigrantes irregulares, incluyendo un millón de trabajadores agrícolas.

“La ley que estoy firmando es el producto de una de las empresas legislativas más largas y difíciles de la memoria reciente. Ha sido realmente un esfuerzo bipartidista, con esta administración y los aliados de la reforma migratoria en el Congreso, de ambos partidos”, consignó Reagan el 6 de noviembre de 1986.

El presidente republicano, George Bush padre, logró aprobar en 1997 la Ley Nacara, que legalizó a 258 mil nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos e inmigrantes procedentes de gobiernos comunistas de Europa Oriental.

Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración (CIS), el principal centro de pensamiento antiinmigrante, habló a principios de la década de 2000 en la Cámara de Representantes y el Senado, sobre el fracaso de las sanciones a patrones, establecidas por la ley de Reagan.

“Cuando el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) llevó a cabo redadas durante la cosecha de cebollas de Vidalia en 1998, el modesto número de ilegales que consiguió aprehender quedó disminuido por los miles de extranjeros ilegales que abandonaron los campos para evitar su detención. A las pocas horas, los empresarios y los políticos locales manifestaron su descontento y, al final de la semana, los dos senadores y los tres representantes de Georgia enviaron una carta al fiscal general y a los secretarios de Trabajo y de Agricultura en la que criticaban ferozmente la actuación del INS por su “falta de consideración hacia los agricultores”, contó Krikorian.

El director del INS en Georgia suspendió por completo las redadas, a petición de los agricultores de cebollas, hasta que terminara la cosecha.

Según Krikorian, ese fue el acontecimiento que marcó el fracaso para siempre de la Reforma de la Inmigración de 1986, porque acciones similares se dieron en todo el país.

En 2006, se aprobó en el Senado, una reforma bipartidista de legalización, que no prosperó, porque no hubo acuerdo en la conciliación del proyecto entre las dos cámaras.

En 2007, se presentó un nuevo proyecto bipartidista de legalización, que fue derrotado en las votaciones en el Senado.

En junio de 2013, la Administración Obama-Biden logró la aprobación en el Senado de un plan bipartidista de reforma migratoria, con el respaldo de los senadores republicanos Marco Rubio, John McCain, Lindsey Graham, y Jeff Flake.

Pero, en 2014, la legislación no fue sometida a votación en la Cámara de Representantes por el presidente de esa corporación legislativa, el republicano John Boehner, y así murió ese sueño.

Llegamos a junio de 2016, cuando el expresidente Donald Trump inició su campaña calificando a los mexicanos de narcotraficantes, criminales y violadores.

En la hecatombe de Trump, el gobierno estableció al menos 400 normativas en contra de los inmigrantes y desarrolló una feroz cruzada contra los indocumentados.

Nuevamente inmigración es el tema central para el continente en la Cumbre de las Américas.

La administración del presidente, Joe Biden, “El Gran Promesero”, desea hacer ajustes internacionales para resolver el problema migratorio, cuando no ha logrado la reforma migratoria, enviar el mensaje claro a los inmigrantes que no vengan, parar las caravanas y sellar la frontera.

Participa en la conversación

1 comentario

  1. Es imposible que se pueda hacer todo lo que la sociedad quiere, Estados Unidos no debe de ser el país que resuelva lo que los demás no resuelven. Entrada ilegal, nadie quiere que entren ilegalmente a una casa. Se tienen que encontrar soluciones en los países de origen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.