Credit: EFE

El mandato del (tal vez) tercer presidente más joven que ha tenido Colombia en su historia, Iván Duque Márquez, está a punto de expirar.

Los dos gobernantes más “sardinos” fueron Simón Bolívar a los 38 y Francisco de Paula Santander a los 40.

Duque asumió la presidencia a los 42 años y sale del Palacio de Nariño a los 46, con cerca de 70 por ciento de desaprobación de su gestión, según las encuestas.

Para evitar suspicacias sobre los conceptos que voy a emitir, debo advertir que ha votado en las 11 elecciones presidenciales colombianas, que han ocurrido desde 1979 cuando llegué a Estados Unidos.

He sufragado en los consulados de Colombia en Los Ángeles, Miami, y en el puesto de votación en Charlotte.

En los comicios ocurridos en las últimas dos décadas: No voté por Duque. Nunca vote por Petro. Tampoco voté por Uribe es sus dos elecciones. Voté por Mockus contra Santos. Y Voté por Santos contra Zuluaga.

Duque llegó a la presidencia con el lastre de ser calificado como títere del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Su gobierno estuvo marcado por constantes crisis en un país difícil de 50 millones de habitantes, aquejado por desigualdades.

Tuvo que lidiar con la pandemia del Covid-19, violentos estallidos sociales, un escándalo de corrupción millonario en un proyecto para llevar internet miles de escuelas, un huracán categoría 5 en el archipiélago de Providencia y Santa Catalina, y una oposición feroz.

Decidió no apuntalar el proceso de paz pactado con la guerrilla durante el gobierno de Juan Manuel Santos. Fue incapaz de frenar el asesinato de lideres sociales, firmantes de los acuerdos y de periodistas. Experimentó el nacimiento de la disidencia de la Nueva Marquetalia de las FARC, paros armados y actividades de bandas criminales regionales.

Un intento de asesinarlo en un atentado terrorista contra el helicóptero en que viajaba fracasó en una visita al noreste del país.

Durante su mandato asestó fuertes y exitosos golpes a la dirigencia de las disidencias, grupos delincuenciales y narcotráfico.

Dio un manejo acertado a la emergencia del Covid-19, en la que se logró vacunar a millones de individuos.

Se mantuvo firme contra la dictadura de Nicolás Maduro y sus relaciones con Estados Unidos fueron excelentes.

Duque sostiene que logró cumplir más del 80 por ciento de las promesas de su plan original de gobierno, lo cual tendrá que ser verificado independientemente.

Pero la obra cumbre del gobierno de Duque fue la regularización de los inmigrantes venezolanos, que proyectó acoger a dos millones de personas.

Duque mostró compasión y realismo al tomar la medida, para proteger a la población migrante más vulnerable.

El Estatuto de Protección Temporal para Migrantes (EPT) garantiza derechos fundamentales a los venezolanos. Les da acceso a los servicios afiliación a Entidades Prestadoras de Salud por régimen contributivo o subsidiado. Tomar parte en el sistema pensional, al que cada solicitante tendrá que cotizar de acuerdo con la ley. Acceder a la educación en todos los niveles del sistema educativo colombiano. Integrarse al sector financiero, con apertura de cuentas bancarias, hacer giros, y el pago de nómina. 

El Estatuto ofrece protección integral y prevención de vulneraciones de niños, niñas y adolescentes.  Circular libremente por el territorio colombiano e ingresar y salir del país, sin superar 180 días fuera de territorio colombiano. Acceder al empleo en condiciones de igualdad para trabajar de forma regular, y facilitar su inserción económica y generar las condiciones para que los venezolanos puedan aportar al desarrollo del Colombia.

La normativa permite la convalidación de títulos profesionales ante el Ministerio de Educación, y tramitar tarjetas profesionales.

Así mismo, emite documentación para presentar ante las instituciones del estado colombiano cuando requieran identificación y acreditación del estatus migratorio.

El coraje que tuvo Duque es admirable y un ejemplo para los otros países a los que ha llegado la diáspora venezolana.

Arriesgó capital político, pese a los conatos de xenofobia que se han dado entre algunos colombianos.

Un ejemplo que Estados Unidos debería tomar para legalizar de una vez por todas a los 11 millones de indocumentados.

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