Buenos Aires, 15 abr (EFE).- Los últimos pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para Argentina, con recesión para este año y un crecimiento casi nulo para 2016, han prendido las luces de alarma en pleno año electoral, cuando usualmente se dispara el gasto público, dibujando un escenario complejo para el próximo presidente.

El organismo multilateral vaticina que este año la economía argentina se retraerá un 0,3 %, mientras que el próximo año, ya con el sucesor de Cristina Fernández al frente del Ejecutivo, apenas crecerá un 0,1 %.

Aún así, la nueva proyección para este año es mejor que la divulgada en octubre último por el FMI (-1,5 %), pero dista mucho del crecimiento del 2,8 % presupuestado por el Ministerio de Economía argentino.

Según el nuevo informe del FMI, las perspectivas económicas de Argentina para 2015 experimentaron una relativa mejoría debido a que las presiones sobre la balanza de pagos se han moderado.

El organismo internacional prevé para este año caídas en la inversión y las exportaciones, compensadas «en parte por un gasto público más fuerte y un mayor consumo privado».

Para Ramiro Castiñeira, economista de la consultora Econométrica, la contracción económica este año «posiblemente no sea muy fuerte, pero a costa de un mayor atraso cambiario».

«El contexto internacional se deteriora en un momento en que el Gobierno tiene una estrategia electoral en marcha y, por lo tanto, tiene que subir la apuesta, ya que ahora no solo tiene que financiar el deterioro macroeconómico interno sino que tiene que tapar el impacto que viene de afuera», dijo el experto a Efe.

Desde el exterior, las malas noticias vienen por los magros precios de la soja, el principal producto de exportación argentino, y por la retracción económica en Brasil, cuyas compras a Argentina caen.

El propio Gobierno ha admitido el impacto de un escenario internacional desfavorable y, para atajarse, ha anunciado en las últimas semanas medidas de subsidio al sector agrario y de incentivo al consumo doméstico.

Pero algunos economistas opinan que esto es tan solo un plan de corte electoralista, que agudiza los desequilibrios, en particular el fiscal, una «bomba» que le explotará en las manos al presidente que asuma el próximo 10 de diciembre.

«La bomba la están armando ellos y se llama ajuste», se defendió el ministro de Economía, Axel Kicillof, que advirtió sobre las recetas económicas que podría aplicar un eventual gobierno de la oposición.

Según el economista Miguel Ángel Broda, «el plan analgésico y antiinflamatorio de Kicillof hipoteca el 2016» y hace «inexorable un ajuste» el próximo año.

Para Castiñeira la suerte de la economía argentina dependerá en gran medida de si el nuevo gobierno, apenas asuma, llega a un acuerdo con los acreedores que quedaron fuera de los canjes de 2005 y 2010 y consigue financiación externa, una posibilidad que de momento «no está tan clara».

Según el analista político Jorge Arias, de la consultora Polilat, la marcha de la economía es un aspecto fundamental que los argentinos tienen en cuenta a la hora de votar.

«A los votantes lo que les interesa es la temperatura de su propio bolsillo. Si la economía crece poco pero el Gobierno distribuye mucho y genera artilugios económicos como los que hemos estado viendo para que la economía no se mantenga caliente como venía, pero al menos tibia, esto puede resultar importante para el votante», señaló Arias a Efe.

Hay algunos indicadores, agregó, como la recuperación de la venta de autos usados, que empiezan a mostrar alguna «tibieza en el consumo respecto del frío que había», lo que, a su juicio, «son buenas noticias para el Gobierno».

No obstante, según Arias, si el Ejecutivo no logra mantener vivo el consumo doméstico y finalmente la actividad económica cae en picada, ya no será problema de este Gobierno sino del próximo.

A la actual Administración, afirma el experto, solo le interesará la buena marcha de la economía en la medida en que los sondeos electorales muestren alguna ventana de posibilidad de triunfo del oficialismo en las presidenciales de octubre próximo.

«Algo que, al menos hasta hoy, no parece muy probable», observó Arias.