Sao Paulo, 28 abr (EFE).- La Unión de la Industria de la Caña de Azúcar (Unica) de Brasil, la mayor patronal del sector, mostró hoy su satisfacción, porque, aunque la decisión «no es la ideal», el límite al uso de biocombustibles tradicionales procedentes de cultivos en la Unión Europea será en principio del 7 % y no del 5 %.

«Es una victoria para Brasil y estamos satisfechos. Obtuvimos más de lo previsto», señaló a Efe Geraldine Kutas, asesora sénior para Asuntos Internacionales de la Presidencia de Unica y quien trabaja desde Bruselas.

Kutas comentó así la decisión del Parlamento Europeo (PE) de dar luz verde para limitar a partir de 2017 en los Veintisiete países miembros de la Unión Europea (UE) el uso de biocombustibles tradicionales procedentes de cultivos a un 7 % del total.

La UE se propone alcanzar el objetivo de un 10 % de uso de energías renovables en el transporte de los países miembros en 2020.

Las normas aprobadas hoy por el PE, que aún deben recibir el visto bueno final de los Estados miembros, tratan de desincentivar el uso de biocombustibles que proceden de cultivos y fomentar aquellos más avanzados, como los que se elaboran a partir de residuos, algas o paja, llamados también de «tercera generación».

A pesar del impacto de la decisión en las exportaciones de países productores de etanol y biodiesel a partir de materias agrícolas como el maíz, el trigo, la remolacha o la colza, como es el caso de Brasil, la medida es más «flexible» de lo que se tenía previsto, resaltó Unica.

Kutas explicó que el texto original de la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo era muy «restrictivo», con un límite del 5 % para los biocombustibles tradicionales, pero que finalmente aumentó a 7 %, una cifra que fue bien recibida por los brasileños, líderes mundiales de etanol de caña de azúcar.

No obstante, los Estados miembros de la UE , que sufren presión por las críticas de varios sectores que ven la medida insuficiente, tendrán la opción de establecer un umbral más bajo si lo consideran necesario.

La idea es impedir que ese 10 % se cubra en su práctica totalidad con biocombustibles tradicionales, por el impacto que pueden tener sobre el aumento del precio de los alimentos al competir con estos a la hora de utilizar las tierras para su cultivo, entre otras razones.

Para Kutas, sin embargo, el texto aprobado por el Parlamento Europeo «no es el ideal», porque «trata a todos los biocombustibles de ‘primera generación’ de la misma forma».

La especiaista criticó el hecho de que el etanol de caña de azúcar sea tratado de la misma forma que otros combustibles alternativos.

«El etanol de caña brasileño -explicó- es visto igual que el biodiesel de palma, por ejemplo. Se deben distinguir los biocombustibles de ‘primera generación’ de mejor desempeño y condiciones ambientales, como el etanol de caña de azúcar, que los otros».

Según Kutas, desde 2008, cuando se discutía en Europa «el uso de la tierra», era previsible que el tema de la energía renovable «en algún momento iba a ser tratado de esta forma».

«Estamos muy felices porque se cierra un ciclo. Sabemos que en Europa las leyes son frutos de un compromiso político entre partidos y entidades que no siempre dan un resultado perfecto. Ahora tendremos resultados con mayor previsibilidad», puntualizó la asesora internacional de la patronal.

Brasil tiene 21 millones de vehículos livianos, el 60 % de la flota, con la tecnología «flex fuel», es decir, que permite su funcionamiento tanto con gasolina fósil como con alcohol carburante o la combinación libre de ambos.