Lima, 6 dic (EFE).- La procuradora antidrogas de Perú, Sonia Medina, afirmó hoy que no le teme a Abimael Guzmán, el fundador y líder de la banda armada Sendero Luminoso, quien el martes supuestamente la amenazó durante el juicio que se le sigue por el atentado de Tarata, que dejó 25 muertos en 1992.

«Como le dije en su cara a Abimael, no le tengo miedo», declaró Medina a la agencia oficial Andina.

La procuradora explicó que participó en el proceso contra Guzmán y los miembros de la cúpula senderista, porque ese caso esta vinculado al terrorismo y narcotráfico.

Detalló que en la audiencia del martes los procesados y sus abogados intentaron impedir de manera «altisonante, insolente e irreverente» que interrogue al actual congresista Marco Miyashiro, quien fue jefe del grupo de inteligencia policial que capturó a Guzmán en 1992.

«La cúpula que estaba ahí se molestó. La justificación, a mi entender, es que a ellos se les pueden imputar todo lo que sea terrorismo y no narcotráfico, eso sería contrario a sus fundamentos, pero lo real, y la historia lo tiene registrado así, son los vínculos del narcotráfico y Sendero Luminoso», enfatizó.

Medina agregó que al interrogar a Miyashiro solo buscaba conocer las vinculaciones del grupo terrorista con narcotraficantes.

«Cuando Guzmán se retiraba, se paró frente a mí y profirió ese mensaje, me dijo: usted no sabe con quién se ha metido, e hizo un ademán; de repente es mi percepción, no lo sé, la sala verá el video en la próxima audiencia; yo lo sentí así, una amenaza», señaló.

Tras este incidente, el Colegiado A de la Sala Penal Nacional anunció una probable sanción contra Guzmán, condenado a cadena perpetua por terrorismo, pues supuestamente hizo un gesto con la mano como si fuera una pistola.

Medina consideró, además, que la conducta de los abogados de los senderistas es «insolente y obstruccionista», y dijo que la fiscal del caso también fue «maltratada» en una audiencia.

Precisó que la tesis de la Fiscalía es que las fuentes de financiación de las actividades de Sendero entre 1986 y 1995 provenían del dinero del narcotráfico de las zonas selváticas del Huallaga y el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem).

Puso como evidencia a la sentencia por terrorismo y narcotráfico que se dictó contra el cabecilla senderista en el Huallaga, Eleuterio Flores Hala, «Artemio», y la presencia hasta hoy de remanentes de Sendero con vínculos con el narcotráfico en el Vraem.

El juicio intenta establecer la autoría mediata (responsabilidad con dominio del hecho) del atentado de Tarata y el apoyo que Sendero Luminoso brindó a bandas de narcotraficantes desde principios de los años 80 hasta la captura de Guzmán en 1992.

El 16 de julio de ese año, Sendero colocó un vehículo con 400 kilos de dinamita en la estrecha calle Tarata, en el centro del turístico distrito limeño de Miraflores, que, al explotar, destruyó varios edificios y dejó 25 muertos, 155 heridos y 360 familias damnificadas.

Sendero Luminoso fue fundado por Guzmán a finales de los años 70 con el objetivo de destruir el Estado peruano y refundarlo bajo una ideología maoísta, lo que causó un conflicto armado interno que dejó más de 69.000 muertos entre 1980 y 2000, la mayoría a manos del grupo terrorista, según el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.