Río de Janeiro, 31 mar (EFE).- Miles de personas salieron hoy a las calles de Brasil, convocadas por sindicatos y movimientos sociales para protestar contra el ajuste fiscal puesto en marcha por el Gobierno del presidente Michel Temer y, principalmente, por su propuesta de reforma de la ley de pensiones y jubilaciones.

Las manifestaciones se produjeron en las capitales de los 26 estados del país y el Distrito Federal, sin que se registrasen incidentes.

En Sao Paulo, la mayor ciudad brasileña, la céntrica Avenida Paulista volvió a ser el epicentro de las concentraciones, que también tuvieron lugar en las plazas de Patriarca y República, en el centro de la metrópoli.

El Museo de Arte de Sao Paulo (MASP), en el corazón de la Paulista, congregó a unas 70.000 personas, según los organizadores, que marcharon con carteles en protesta por las reformas propuestas por el Gobierno de Temer.

El diputado Arlindo Chinaglia, del ahora opositor Partido de los Trabajadores (PT), dijo a Efe: «mucha gente comenzó a reflexionar sobre (las elecciones de) 2018. Pero creo que nosotros debemos concentrar nuestras energías ahora para evitar pérdidas de derechos en este momento».

En el mismo sentido, el también diputado Iván Valente, del izquierdista Partido del socialismo y la Libertad (PSOL) comentó a Efe: «La indignación popular crece, principalmente con la reforma de la previsión social».

No obstante, Valente apuntó que «la tercerización con la reforma laboral indigna igualmente al pueblo, porque no quiere la destrucción de sus derechos».

«Nosotros estamos en la calle por la ética en la política, para derrotar este Gobierno de coalición, fisiológico, ‘clientelista’, corrupto y antipopular», añadió el diputado paulista.

Desde tempranas horas de la mañana algunos puntos de la ciudad fueron bloqueados por manifestantes, que impidieron la circulación de vehículos.

En diálogo con Efe, el juez del tribunal del trabajo y profesor del Centro Preparatorio Jurídico (CPJUR), Mauricio Simões, señaló que la clase trabajadora entre 25 y 50 años quedó «sin una regla» y con alteración de la expectativa de vida de los brasileños el país está en una «balanza» desnivelada.

«Nadie tendrá tope de previsión social y el impacto de la sociedad es la regresión de sus derechos sociales, aunque sea necesario, sí, una reforma», pero de otra manera, apuntó.

Para Simões, la «tercerización es un factor pero que (la reforma de) la previsión social, pues ya fue aprobada en el Congreso y eso es una precarización máxima del trabajo».

En Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad del país, cerca de 15.000 manifestantes, según los organizadores, se concentraron en la céntrica Avenida Rio Branco y caminaron hasta la histórica plaza de Cinelandia, con pancartas en contra de la tercerización y el proyecto de reforma en las pensiones que pretende impulsar la administración Temer.

Varios de los manifestantes en Río de Janeiro iban con pancartas en las que mostraban fotos con los parlamentarios del estado que votaron a favor de tercerizar los servicios en el Congreso Nacional, y fueron llamados «traidores de los trabajadores».

Otras ciudades como la capital Brasilia, Belo Horizonte, Porto Alegre, Recife, Salvador y Fortaleza también tuvieron manifestaciones, con menor participación.

La polémica reforma de las pensiones fue presentada al Legislativo en diciembre pasado y propone al menos 25 años cotizados y una edad mínima de 65 años para acceder a los beneficios de la jubilación.

Otra queja es sobre el proyecto de ley que permite a las compañías tercerizar su mano de obra, es decir contratar a terceras empresas para realizar determinadas tareas.

El Gobierno Temer considera prioritario aprobar las reformas para poder salir de la grave crisis económica que atraviesa, con caídas del Producto Interior Bruto (PIB) en los dos últimos años por encima del tres por ciento.

Ello ha provocado la quiebra en algunos de los estados más importantes del país, como Río de Janeiro, y una cifra récord de desempleo que supera los 13 millones de personas.