Asunción, 18 ago (EFE).- Las políticas fiscales injustas, unidas a la discriminación contra las mujeres, acrecientan la desigualdad económica en América Latina, la región más desigual del planeta, dijo hoy en una entrevista con Efe Simon Ticehurst, director de la organización Oxfam para América Latina y el Caribe.

Ticehurst, que está realizando su primera visita a Paraguay como director regional de la ONG, explicó que tan sólo 32 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población latinoamericana, un «extremo de desigualdad» que preocupa a la organización.

El representante de Oxfam advirtió que estas personas que concentran en sus manos la riqueza tienen además poder e influencia sobre las políticas de los Estados, en una dinámica que tildó de «secuestro democrático».

«Los Gobiernos dictan muchas veces leyes hechas a medida de los sectores productivos más importantes del país, como exoneraciones de impuestos o amnistía fiscal», dijo.

De este modo, las políticas fiscales, que son «una de las herramientas de los Estados para redistribuir las riquezas, no son equitativas, se basan en los impuestos al consumo y acaban castigando más a quien menos tiene».

Ticehurst insistió en que, en muchos países, existen los recursos para paliar las deficiencias en infraestructuras, salud o educación, pero permanecen en manos privadas y no se reorientan hacia servicios públicos.

Refirió que, en países como Nicaragua, el dinero que se ha dejado de recaudar por exoneraciones o evasión fiscal superó en algunos casos el presupuesto nacional para partidas como sanidad.

El otro gran escollo para lograr sociedades más igualitarias es la discriminación que padecen las mujeres, que en promedio en América Latina ganan un 20 % menos que los hombres por hacer el mismo trabajo, destacó Ticehurst.

Además, declaró que a muchas de ellas se las carga con la responsabilidad de los cuidados familiares, que están invisibilizados y no reconocidos como trabajo, o bien se dedican a empleos informales o son víctimas de la violencia infligida por los hombres.

Destacó también que, si bien la paridad entre hombres y mujeres en las instituciones políticas, lograda en países como Bolivia, es un avance, es necesario que esa participación «sea de calidad y sin discriminación».

Ticehurst advirtió además de que la desigualdad económica convierte a Latinoamérica en la región más violenta del mundo, ya que las pandillas y el crimen organizado aprovechan la vulnerabilidad de niños y adolescentes sin recursos para integrarlos en su filas.

«La propia exclusión económica extrema que viven muchos jóvenes en regiones como Centroamérica es ya una forma de violencia, a la que algunos responden con más violencia», enfatizó.

El responsable regional de Oxfam dijo además que «Paraguay es un caso icónico de la desigualdad en la región», que se hace visible en la «concentración de tierras» en latifundios, en un sistema «heredado del colonialismo y carente de una reforma agraria».

Según datos de la organización, el 1,6 % de los propietarios poseen más del 80 % de la tierra apta para cultivo en Paraguay, un 92 % de cuya superficie se destina a plantar soja.

Ticehurst abogó por implantar en el país, como en otros de la región, amenazados por la agricultura extensiva o las explotaciones mineras, la obligación del «consentimiento previo e informado» para las comunidades indígenas y campesinas que están siendo expulsadas de sus tierras por el avance de la frontera agrícola.

«Los campesinos e indígenas deben ser conscientes de lo que se quiere hacer con sus tierras, dar o no su permiso, y participar de los beneficios o de las compensaciones por ceder sus terrenos», remarcó.

En 2015, la cifra de personas que acumulan la mitad de la riqueza del planeta se redujo a 80 y si continúa la tendencia, en 2016 el 1 % de la población mundial tendrá la misma riqueza que el 99 % restante, según el informe de 2014 de Oxfam «Iguales: Acabemos con la desigualdad extrema».