Bogotá, 19 jul (EFE).- El subteniente del Ejército colombiano Cristian Moscoso Rivera recuperó hoy su libertad luego de estar 12 días en poder de las FARC, que lo entregó a una comisión humanitaria en el sur del país en vísperas de que inicie un alto el fuego unilateral de esa guerrilla para bajar la intensidad del conflicto.

La liberación, acordada en la mesa de diálogos de paz en Cuba, supone un gesto del grupo guerrillero antes de comenzar su alto el fuego, que, según dijo inicialmente la delegación de paz de las FARC, sería de un mes, pero que, de acuerdo con lo expuesto luego por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, será por cuatro meses.

El oficial de 26 años, que resultó herido en un combate con las FARC el pasado 7 de julio, fue entregado a la misión humanitaria “en una zona rural del departamento de Putumayo”, en el sur del país y fronterizo con Ecuador, y “se encuentra bien”, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

La primera información sobre la entrega la dio en su cuenta de Twitter el presidente Santos, quien aseguró que el subteniente “se encuentra en buenas condiciones”.

En la entrega del militar también participaron representantes de Cuba y Noruega, países garantes del proceso de paz, que fueron quienes a mediados de mes instaron al Gobierno y las FARC a tomar medidas para “desescalar” (reducir la intensidad del conflicto) y, de esta forma, sacar de la crisis la negociación.

El gesto de las FARC se produce un día antes de que el país celebre el Día de la Independencia, fecha en la que el presidente de Colombia encabeza un tradicional desfile militar.

También mañana, Santos instalará el nuevo periodo de sesiones del Congreso, donde dará un discurso que se espera dedique en parte al proceso de paz que, según dijo el pasado domingo, será evaluado en cuatro meses para decidir si se continúa o no con la negociación, dependiendo del cumplimiento que las FARC hagan del alto el fuego prometido.

Al anunciar el alto el fuego, el número dos de las FARC, Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, dijo en La Habana que con esa decisión la guerrilla busca “generar condiciones favorables para avanzar” con el Gobierno colombiano en la “concreción del cese al fuego bilateral y definitivo”.

Se espera que el Gobierno responda con una reducción de las operaciones militares, como ya lo hizo en marzo pasado, para de esta forma bajar el tono al conflicto y, si todo sale bien, poder llegar a un acuerdo de paz que conduzca al alto el fuego bilateral y definitivo.

Esta no es la primera vez que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anuncian un alto al fuego, pues desde que se iniciaron los diálogos de paz, en noviembre de 2012, ordenó varias treguas con motivos de fiestas navideñas o por las elecciones celebradas el año pasado.

La más importante de esas experiencias fue la que comenzó el 20 de diciembre de 2014, que duró cinco meses.

La guerrilla suspendió ese alto al fuego el pasado 22 de mayo, un día después de que 27 de sus integrantes murieran en un bombardeo a uno de sus campamentos en un operación realizada por la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) en respuesta a un ataque perpetrado en abril por las FARC contra el Ejército en el departamento del Cauca (suroeste), que dejó once militares muertos.

Un informe del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) publicado el pasado viernes indica que 56 días después de terminar su alto el fuego unilateral, el grupo rebelde “escaló sustancialmente sus acciones y se concentró en atacar la infraestructura económica y objetivos de oportunidad de la Fuerza Pública”.

En este periodo, el Cerac documentó 145 acciones ofensivas que cuentan con evidencia “que permite atribuirlas a este grupo guerrillero, más allá de toda duda razonable”, y que cobró la vida de dos civiles, trece policías y nueve militares.

Los ataques recientes de las FARC se han concentrado especialmente contra militares y policías y contra la infraestructura petrolera, de carreteras y de servicios públicos en el sur y el suroeste del país y también en Norte de Santander, departamento limítrofe con Venezuela, con pérdidas de vidas humanas y un gran coste económico y medioambiental.

Ovidio Castro Medina