Bogotá, 21 abr (EFE).- El anhelo de paz para Colombia de Gabriel García Márquez y la identidad latinoamericana reflejada en Macondo sobrevolaron hoy como mariposas amarillas la sesión de apertura de la XXVIII Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), dedicada al pueblo imaginario creado por el nobel.

El legado literario, periodístico, político y social de Gabo, eje de esta edición de la feria, fue destacado en todos y cada uno de los discursos con los que se inició esta noche la Filbo, que bajará el telón el próximo 4 de mayo.

En un acto repleto de referencias a Macondo, el invitado especial de la feria y a los personajes de «Cien años de soledad», desde el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, hasta el escritor y exvicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez, pasando por académicos y empresarios, coincidieron en que la obra de García Márquez trasciende las fronteras de la literatura.

«La paz en nuestra América y en Colombia fue una aspiración suya, una ambición suya, y por tanto una parte de su legado», manifestó Ramírez, quien junto con el realismo mágico evocó la lucha de Gabo «por un destino democrático y de paz para nuestra América Latina».

Ramírez, que en esta feria presentará el próximo sábado «Sara», su nueva novela, destacó que la obra de García Márquez «no tuvo que ver únicamente con el dominio de la imaginación sino también con el relato de hechos reales porque fue un periodista para la historia, un maestro de periodistas».

Y en una reflexión sobre el alma latinoamericana, el autor nicaragüense añadió que todo lo que Gabo contó en sus libros «nos viene en los genes de nuestra memoria».

«Macondo no es el pequeño pueblo bananero de la ciénaga colombiana sino el pequeño pueblo de cualquier país latinoamericano», expresó.

Santos, por su parte, se presentó como «presidente encargado» del país de Macondo, cuyo «único y verdadero gobernante» es Gabriel García Márquez, «uno que nadie destronará jamás».

El mandatario citó «Cien años de soledad» para recordar que así como en Macondo llovió cuatro años, once meses y dos días, «en nuestras almas no ha dejado de llover» desde aquel 17 de abril de 2014 en que falleció en Ciudad de México «el hijo del telegrafista de Aracataca», Premio Nobel de Literatura de 1982, el más universal de los colombianos.

Tras esa introducción, el mandatario afirmó que «en Macondo, como en Colombia, hay guerras y confrontaciones que afectan a generaciones enteras» y que de la misma forma, en esos dos lugares, el imaginario y el real, «las estirpes demandan una nueva oportunidad sobre la tierra, una oportunidad para la felicidad y la concordia».

«¿Quién mejor que Gabo para describirnos la ‘sin salida’ en la que nos quieren poner como sociedad?», se preguntó el jefe de Estado, quien en una defensa de su proceso de paz con la guerrilla de las FARC agregó: «Sin duda es más sencillo y más notorio exponer la sangre de otros que pensar en los que sufren cada día que sigue la guerra en Colombia».

Santos, que ha sido abucheado en público en dos ocasiones esta semana por sectores que le reclaman una mano más dura contra las FARC tras el ataque que dejó once militares muertos, subrayó: «Si el costo de buscar la paz lo pago con mi capital político, con mi popularidad, estoy más que dispuesto a pagarlo».

El sueño de paz como un clamor nacional también fue expresado por los demás participantes en el acto, en el que un grupo de niños del coro «Canta, Bogotá Canta», vestidos con camisetas con los colores amarillo, azul y rojo de la bandera nacional, interpretó «Un canto para la paz» a ritmo de vallenato, la música preferida del nobel.

«Macondo no solo es el lugar en que los colombianos nos reconocemos, es un llamado a mirarnos y repensarnos en un momento en que una mayoría de colombianos tenemos puesta nuestra esperanza en la paz», manifestó la escritora Piedad Bonnett, que forma parte del trío de curadores que elaboró el concepto del invitado de honor.

Por su parte el presidente del recinto de exposiciones Corferias, Andrés López Valderrama, instó a los colombianos a «recuperar la sensatez» y dijo que es necesario «recordar a García Márquez como hombre sabio con anhelo de paz».

«Ser ciudadanos de Macondo es una condición que llevamos millones de latinoamericanos», concluyó.