Buenos Aires, 3 dic (EFE).- Mauricio Macri, presidente electo de Argentina, quiere tomar posesión del cargo en la Casa Rosada, pero Cristina Fernández, mandataria saliente, se niega, y la falta de un protocolo escrito no ha hecho otra cosa más que aumentar los desencuentros entre ambos a una semana del traspaso de poderes.

La confusión ha sido tal que funcionarios de protocolo de Casa Rosada han esperado hasta el último momento para cursar las invitaciones oficiales a la asunción de Macri.

“Él puede decir lo que quiera, lo que yo tengo que decir es que ya se cursaron las invitaciones en el Congreso de la nación, como dice la Constitución”, dijo hoy el jefe de Gabinete del Gobierno saliente, Aníbal Fernández.

“Se acabó. Seguir insistiendo de jurar en el Congreso y venir hasta acá (la Casa Rosada) no tiene sentido. Si él no quiere recibir en el Congreso (los atributos presidenciales), que no los reciba”, insistió.

El desacuerdo sobre los detalles de la asunción presidencial y las últimas decisiones adoptadas por Cristina Fernández, a sólo unos días de dejar el poder, provocaron el miércoles duras palabras de Macri.

“En vez salir por la puerta grande, sigue marcando que quiere salir por la puerta chica”, denunció Macri, y advirtió que “cada cosa que hace que ella cree que es en contra de nuestro Gobierno, es contra Argentina”.

El presidente electo quiere jurar en el Congreso, trasladarse después a la Casa Rosada y evitar que la ceremonia se convierta en un nuevo acto del kirchnerismo, que ha convocado una movilización en apoyo de Cristina Fernández frente al recinto parlamentario.

La asunción presidencial en Argentina es un ceremonia de “usos y costumbres”, con la excepción del artículo de la Constitución que establece que el mandatario electo debe prestar juramento ante las dos cámaras del Congreso reunidas en asamblea.

El resto de la ceremonia, sobre todo el traspaso de las insignias presidenciales -el bastón y la banda- se libra a la tradición.

“Tenemos lo escrito en la Constitución, que pide que la jura sea ante el Congreso, tomado por el presidente del Senado. Después viene el discurso del mandatario entrante y, luego, el saliente lo espera en la Casa Rosada para darle los atributos”, explica a Efe la experta en ceremonial Karina Vilella.

Desde el retorno a la democracia en 1983 y hasta 2003, los presidentes argentinos han asumido el 10 de diciembre en un acto doble que incluye el juramento en el Congreso y el traspaso del mando en la Casa Rosada.

La historia cambió en 2003 con el fallecido Néstor Kirchner, que desarrolló toda la ceremonia de asunción en el Parlamento, estrenando una fórmula que mantuvo Fernández, su esposa y sucesora.

Tal como indica la legislación, el próximo jueves, Macri y su vicepresidenta, Gabriela Michetti, prestarán juramento en el Congreso.

El paso siguiente será el traspaso de las insignias presidenciales: el bastón de mando y la banda con los colores de la bandera argentina, que el nuevo presidente quiere recibir en la Casa Rosada.

“Históricamente los presidentes se han manejado de esa manera y es por eso que lo hacemos de esa forma. Cuando un presidente decide cambiarlo, pero el siguiente decide volver a la historia argentina y hacerlo de una manera natural, no debería oponerse el saliente”, opina Vilella.

Desde la Secretaría General de la Presidencia sostienen que el Gobierno saliente es el encargado de organizar la ceremonia, por lo que se mantienen inflexibles en la interpretación de Fernández.

No sería la primera vez que la presidenta argentina se aparta de las tradiciones: además de cambiar la sede del traspaso, Fernández decidió que su hija, Florencia Kirchner, le colocara la banda presidencial cuando revalidó la Presidencia en 2011.

“En las últimas asunciones hemos visto de todo. Es más, traslados a pie y no en vehículo”, recuerda Vilella sobre el incidente que le costó al expresidente Kirchner un corte en la frente por un golpe con una cámara.

“Eso fue una falta de protocolo visible. Al irse de una norma suele suceder este tipo de cuestiones e inconvenientes”, señala.

Con independencia del desarrollo de la ceremonia de asunción, Macri deberá trasladarse a la Casa Rosada porque en su Salón Blanco tomará juramento a sus ministros y secretarios.

También en la sede del Gobierno ofrecerá un almuerzo a las delegaciones internacionales invitadas, antes de la velada de gala programada en el Teatro Colón que pondrá fin a la jornada.