Bogotá, 27 oct (EFE).- El historiador español José Enrique Ruiz-Domènec no tiene pelos en la lengua. Igual califica a Cristóbal Colón de vicioso con talento, tilda de visionario a Bolívar o pide que se estudie la historia de América en las escuelas españolas. Según explica, sus afirmaciones buscan el debate y, por supuesto, «el consenso».

«Una historia mal contada se repetirá siempre», dice con severidad en una entrevista con Efe, denunciando así a todos aquellos que falsean los hechos históricos, mientras defiende el papel de los historiadores para entender «el encuentro y el desencuentro» que supuso la llegada de los españoles a América.

Ruiz-Domènec, catedrático y académico especialista en la historia medieval de Europa, participa esta semana en la «Cátedra España» de la Universidad Javeriana de Bogotá, una iniciativa que busca el intercambio de conocimientos en Ciencias Sociales y Humanidades, y que cuenta con el apoyo del Banco Santander.

Con motivo de la visita, este prestigioso medievalista ha defendido desde América la creación de una cumbre bienal de historiadores frente a la XXV Cumbre Iberoamericana que mañana se inaugura en Cartagena de Indias (Colombia).

«Hay historiadores a ambos lados del Atlántico para debatir y establecer intereses comunes en el mundo de la historiografía, una cumbre crearía y fortalecería la cultura ciudadana en los dos lados», resalta pese a que duda que exista la voluntad política -«que facilite recursos e impulsos»- para que esta otra cumbre pueda realizarse.

Según el historiador, «la idea es hacer una historia común para explicarnos», como ha hecho la Unión Europea en los últimos años; es decir, utilizar las nuevas herramientas del conocimiento para escribir una historia más completa y certera.

«Hay muy buenos historiadores en ambos lado pero no nos leemos demasiado. Todavía tenemos muchos prejuicios que debemos superar y así crear un buen relato de la historia común», señala.

Para ello, según Ruiz-Domènec, es necesario acabar con visiones maniqueas y dejar de plantear la llegada europea a América en términos de «epopeya y glorias pasadas» o de «genocidio» de la población indígena. «Todo encuentro es un desencuentro», insiste.

Una de sus propuestas, por ejemplo, es que se use el término «Virreinato» frente al «Colonial» para referirse al periodo de presencia española, ya que, desde su punto de vista, en el continente americano, «había una autonomía intensa y la cultura criolla estaba diferenciada respecto a la metrópoli».

«Eso sí, a veces se mandaban personajes siniestros desde España que destrozaban ese equilibrio», lamenta.

Al margen de una cumbre de historiadores, el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona propone que se estudie la historia de América en los colegios españoles como señal de respeto y por la necesidad de conocer las diferencias de unos territorios que estuvieron bajo una misma bandera.

Según Ruiz-Domènec, ese paso se complementa con la llegada de estudiantes latinoamericanos a las universidades españolas. «Las grandes revoluciones culturales son al mismo tiempo fracturas generacionales. Es muy conveniente que los alumnos hagan este movimiento, somos civilizaciones cercanas aunque alejadas geográficamente pero compartimos varios elementos en común, entre ellos la lengua».

En esta línea, el académico reivindica el castellano como lengua de consenso para la historia pues «tiene la flexibilidad de un país mestizo, con expresiones muy útiles para determinados problemas que son muy vigentes en América y Europa».

A un día de la XXV Cumbre Iberoamericana de Cartagena, este profesor insiste en la necesidad de conocer la historia para que no se falsifique y pone ejemplo de engaño el resultado del Brexit en el Reino Unido.

«Allí no se explicó bien y hubo falsificaciones de hecho. La ciudadanía respondió de forma emotiva. También en España estamos viviendo un poco ese delirio», comenta al referirse a la polémica sobre la retirada de la estatua de Cristóbal Colón de las Ramblas de Barcelona.

Apasionado por la palabra y convencido en la fuerza del diálogo, José Enrique Ruiz-Domènec apuesta, por último, por un nuevo relato hispanoamericano como gran desafío de los historiadores de los dos lados del Atlántico.