Buenos Aires, 15 oct (EFE).- Tras un intenso calendario electoral, Argentina se encamina a elegir en diez días al sucesor de la presidenta Cristina Fernández, en la última etapa de un 2015 marcado por múltiples comicios y una campaña permanente.

Las elecciones del próximo 25 de octubre se presentan como las más reñidas en los últimos 12 años por la posibilidad de que el favorito en las encuestas, el oficialista Daniel Scioli, no logre imponerse en primera vuelta y sea necesario un balotaje frente al segundo en proyección de voto, el conservador Mauricio Macri.

Ante lo ajustado de los pronósticos, la Cámara Electoral pedirá a los partidos “tranquilidad” en la jornada de comicios para evitar que las denuncias de fraude enturbien el proceso como ha ocurrido en varias votaciones provinciales precedentes, confirmaron hoy a Efe fuentes del organismo.

La convocatoria del 25 de octubre será el colofón de un año marcado por un maratoniano calendario electoral y por acontecimientos que sacudieron al país.

Desde la muerte del fiscal Alberto Nisman, en enero pasado, después de denunciar a la presidenta Fernández por supuesto encubrimiento a terroristas, hasta la imagen del atril vacío del candidato oficialista en el debate presidencial -el primero que se celebró en Argentina, el pasado 4 de octubre-, la política y las elecciones han marcado el ritmo de Argentina en 2015.

La aparición del cadáver de Nisman, con un tiro en la sien en el baño de su domicilio cuatro días después de denunciar a la mandataria, ha marcado el momento más crítico del año electoral.

“Fue el primer momento en el que la gente se preocupó y empezaron a tejerse conjeturas sobre el impacto que tendría en las elecciones que se venían. No nos olvidemos que las primarias de la ciudad de Buenos Aires fueron en abril”, dijo a Efe el analista Orlando D’Adamo, de la Universidad de Belgrano.

El efecto del caso Nisman tuvo un alcance de apenas un par de meses, un periodo en el que creció el apoyo al líder de la conservadora Propuesta Republicana (Pro) y cabeza del frente opositor Cambiemos, Mauricio Macri, ahora segundo en las encuestas para las presidenciales.

Hoy, coinciden los analistas, el efecto de la muerte del fiscal “se ha diluido” y no tendrá incidencia en el resultado electoral.

Por el contrario, el ajustado triunfo de Propuesta Republicana (Pro) en las elecciones a la Alcaldía de Buenos Aires en julio pasado impactó de lleno en las expectativas presidenciales de Macri, actual alcalde de esa ciudad.

El primer mapa concreto para las presidenciales quedó dibujado tras las primarias de agosto pasado, en las que el kirchnerismo obtuvo un 38,6 % de los votos, seguido por el 30,1 % de Cambiemos.

El calendario se vio también salpicado por múltiples denuncias de irregularidades, que alcanzaron su punto máximo en la norteña provincia de Tucumán, donde ganó el oficialismo y la oposición denunció fraude, votos comprados con bolsas de comida y quema de urnas.

Según Patricio Giusto, analista de Diagnóstico Político, ha sido un año caracterizado por campañas “en general muy pobres, con predominio de la parte estética y de la imagen”.

Precisamente, la fotografía final del año electoral ha sido la del reciente debate entre cinco de los seis candidatos a la Presidencia, con el atril vacío que le hubiera correspondido a Scioli, quien desistió de participar apenas unos días antes.

Un debate en el que, además, los aspirantes “presentaron ideas muy genéricas sobre lo que harían”, puntualizó Giusto, en diálogo con Efe.

En todo ese escenario, Cristina Fernández se mostró en un primer momento distante, pero recuperó el protagonismo en la campaña en las últimas semanas.

Con una agenda propia, la mandataria encabezó actos e inauguraciones -a los que asistió Scioli-, anunció proyectos de ley para enviar al Parlamento y criticó a los candidatos opositores.

“Hizo ‘presidencia militante’. Nunca le importaron mucho las normas, menos le van a importar ahora que se está por ir. Claramente su papel fue hacer campaña”, consideró D’Adamo.

A falta de diez días para la votación, las encuestas no definen si el favorito en los sondeos logrará imponerse en primera vuelta con el 45 % de los votos o con el 40 % y una diferencia de 10 puntos sobre el segundo más votado.

Si Daniel Scioli no alcanza ese umbral, tendrá que competir en segunda vuelta, el próximo 22 de noviembre.