La Paz, 16 dic (EFE).- El Gobierno de Bolivia afirmó hoy que vestir a un hombre de mujer no puede ser considerado un acto de justicia indígena porque es una agresión a la equidad de género y no es parte de las tradiciones y costumbres de las etnias.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, se pronunció en ese sentido a propósito de un castigo impuesto por líderes aimaras al alcalde de un pueblo andino, que fue obligado a vestirse con las ropas típicas de las «cholas» para sancionarlo por su mala gestión.

«La justicia comunitaria (indígena) no contempla ese tipo de sanciones, quien alegue usos y costumbres está mintiendo y además es una agresión a los postulados y filosofía de equidad de género», declaró hoy Romero citado por el diario digital Erbol.

Agregó que es «una actitud intolerante, machista y criticable» vestir de mujer a un hombre al que se quiere poner en una situación de inferioridad y como una forma de aplicar una sanción.

El ministro defendió que si un funcionario comete actos ilegales debe ser investigado en el marco de la justicia ordinaria.

La justicia indígena, también llamada comunitaria en Bolivia, está reconocida constitucionalmente desde 2009, pero las autoridades han asegurado varias veces que las sanciones que las turbas imponen en su nombre, como castigos físicos e incluso linchamientos, no tienen nada que ver con los principios indígenas.

El incidente cuestionado ocurrió la semana pasada en el municipio andino de Caquiaviri, cuyo alcalde, Bruno Álvarez, fue obligado a ponerse una pollera (falda) amarilla, mantón del mismo color, un sombrero tipo bombín y un aguayo (tela empleada por las mujeres para portar mercancías o bebés a la espalda).

Se trata de la vestimenta típicas de las mujeres indígenas de Bolivia conocidas popularmente como «cholas».

El machismo y la denigración de la mujer están arraigados en la sociedad boliviana, en especial en las zonas rurales.

Bolivia es, según datos del programa ONU Mujeres, el país latinoamericano con mayores tasas de violencia machista y el segundo después de Haití en violencia sexual.