Nicolás Monzón, un argentino que ahora con 25 años está entre los 10 aspirantes al título de mejor estudiante del mundo, posa el 13 de septiembre de 2022 en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Buenos Aires, 16 sep (EFE).- Todos los recuerdos de infancia de Nicolás Monzón remiten a las matemáticas. Relata que recorría las calles de Villa La Florida, su barrio natal, contándolo todo: los transeúntes, las hileras de árboles, las ventanas que adornaban los edificios, la cantidad de cuadras entre un punto A y un punto B.

Ese afán por el conocimiento convirtió a Monzón en uno de los mejores estudiantes de su escuela, y ahora, con 25 años, también en uno de los mejores del mundo, puesto que figura entre los diez finalistas del Global Student Prize 2022, un certamen organizado por Chegg.org y la Fundación Varkey.

En una entrevista con Efe, este joven de la provincia de Buenos Aires, que compagina la carrera en Ingeniería Informática con las licenciaturas en Ciencias Matemáticas y Ciencias Físicas, sostiene que la educación supuso toda una “liberación” para él, abriéndole puertas que, por sus orígenes humildes, ni siquiera intuía que existieran.

“La educación es lo que te hace libre. Cuando uno se educa, permite que no lo engañen”, asegura Monzón desde la sede de la Fundación Varkey en la capital argentina.

ORÍGENES HUMILDES

Para llegar hasta este punto, Monzón tuvo que recorrer un camino mucho más largo de lo normal. Criado en un barrio de escasos recursos, con calles de tierra y sin universidades cercanas, su destino pasaba por ponerse a trabajar y contribuir a la economía familiar nada más terminar el instituto.

Monzón, sin embargo, tenía otros planes. Cuando empezó la secundaria, su abuela le regaló un manual de matemáticas, llamado ‘Curso de Orientación Escolar’. Los ejercicios eran desafiantes y la mayoría de los problemas no los entendía, pero eso, lejos de desanimarlo, le incitó a seguir aprendiendo.

“El libro me permitió anticiparme a las clases y, en lugar de tener que estar concentrado en copiar, o en aprender algunas cosas de memoria, ya tenía ese proceso hecho y pude disfrutar en el aula. Fue el cambio que me permitió conocer más a fondo las matemáticas”, relata.

Su último año de secundaria fue revelador: Monzón no sospechaba que hubiese algo “más allá” del instituto, ni que pudiese dedicar su vida al estudio de las matemáticas. La universidad se presentó ante él como un mundo lleno de posibilidades, al tiempo que simbolizaba algo completamente “desconocido”.

“Cuando no se cuenta con los recursos, el estudiar en la universidad es un salto de fe”, reconoce Monzón, para agregar que en todo momento contó con el “apoyo continuo” de sus padres (él, obrero de la construcción; ella, trabajadora en una feria de trueques) y del resto de su familia.

PASO POR LA UNIVERSIDAD

Con el impulso de la ONG Jóvenes en Acción, Monzón solicitó una beca para estudiar Ingeniería Informática en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y posteriormente se matriculó en las carreras de Ciencias Matemáticas y Ciencias Físicas en la prestigiosa Universidad de Buenos Aires (UBA).

Asimismo, durante su tercer año de Ingeniería Informática, entre él y varios compañeros fundaron ‘Magnetar’, una empresa emergente (‘startup’) que nació con el objetivo de “crear aplicaciones de impacto en la sociedad”, aunque con el paso del tiempo se convirtió en una desarrolladora de software.

“Tuvimos que cambiar el enfoque, porque hacer una aplicación con los estándares que tenemos se extendía cientos y, a veces, miles de horas. Por eso nos transformamos en una desarrolladora de software, en donde hacemos programas a medida y de calidad”, explica.

Monzón tiene muy claros sus planes de futuro: en lo inmediato, graduarse en la universidad; después, iniciar estudios de doctorado para convertirse en científico y “expandir” las actividades de Magnetar.

“Quiero crear una empresa con la que poder estar estable económicamente cuando quiera hacer ciencia. Desde la ciencia, obviamente quiero mejorar la calidad de vida de las personas, y desde la ‘startup’ me gustaría ayudar a mi familia para que tengan una mejor calidad de vida”, afirma.

GLOBAL STUDENT PRIZE

La nominación al Global Student Prize, cuyo veredicto se conocerá la próxima semana, fue toda una sorpresa para Monzón, que dice sentirse “agradecido” por la oportunidad de “poner de nuevo en foco la educación en Argentina”.

Un país que, inmerso en una profunda crisis económica y social desde hace cuatro años, afronta múltiples desafíos de futuro, entre ellos, “la falta de comunicación” en torno a las oportunidades educativas y las pocas infraestructuras para hacer ciencia.

“Hay diferentes mediciones que dicen que estamos atrasados tecnológicamente y quizás, en ese punto, habría que fomentar la ciencia en la educación. Eso podría hacer que muchos científicos quieran quedarse acá para estudiar”, considera Monzón.

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