Buenos Aires, 16 jul (EFE).- Cinco exmilitares y tres expolicías fueron condenados hoy a penas de entre nueve años de cárcel y cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar (1976-1983) en el centro clandestino de detención conocido como «Mansión Seré», en la provincia de Buenos Aires.

En el segundo juicio oral que se realiza por delitos cometidos en la denominada «Mansión Seré» y otros sitios de la periferia oeste de la capital argentina, los jueces de un tribunal de la localidad bonaerense de San Martín condenaron a los ocho imputados por delitos de privación ilegal de la libertad agravada, tormentos, abusos sexuales y homicidios.

El tribunal impuso la pena de prisión perpetua a al exbrigadier Miguel Ángel Ossés y condenó a 25 años de cárcel a los también exbrigadieres Hipólito Mariani y César Miguel Comes y a los excabo primero de la Fuerza Aérea Daniel Alfredo Scali y Marcelo Eduardo Barberis.

También sentenció a 25 años de prisión al expolicía Héctor Seisdedos; condenó a 12 años de cárcel al excomisario Néstor Rubén Oubiña e impuso la pena de 9 años de reclusión al excabo primero de la policía bonaerense Felipe Ramón Sosa.

En la etapa de investigación de los hechos, la Justicia acreditó la comisión de dos homicidios agravados, privación ilegal de la libertad agravada por mediar violencia o amenazas en perjuicio de 95 víctimas, privaciones que en el caso de 48 víctimas se encuentran agravadas por su duración y el delito de imposición de tormentos reiterados en 83 ocasiones.

Durante el juicio, que se inició en marzo de 2014, se amplió la acusación por delitos sexuales cometidos contra ocho mujeres, tres hombres y un niño de 14 años.

Hipólito Mariani y César Miguel Comes, que fueron los máximos responsables de la Fuerza Aérea en la zona investigada, ya habían sido sentenciados a 25 años de prisión en 2008 por crímenes cometidos en la «Mansión Seré».

La «Mansión Seré» era una casa antigua de dos plantas, cedida a la Fuerza Aérea tras el golpe militar de 1976, que funcionó como centro de detención clandestino y por donde pasaron cientos de secuestrados ilegalmente en 1977 y 1978.

Tras la fuga de tres prisioneros en marzo de 1978, la casa fue incendiada para destruir las evidencias de su papel como centro de tortura y detención ilegal.