Asunción, 30 jul (EFE).- Ocho personas crucificadas desde hace casi un mes como forma de protesta por el despido de 51 conductores de autobús, recorrieron hoy 15 kilómetros en carretas desde la ciudad de Limpio, en el Gran Asunción, hasta el Ministerio de Trabajo, en el centro de la capital paraguaya.

Tumbados sobre ocho carretas de madera, tiradas por sus compañeros, los «crucificados», entre los que hay dos mujeres, ambas esposas de chóferes, tardaron unas nueve horas en llegar a la sede del Ministerio, un «vía crucis» que hicieron bajo una temperatura que rozó los 30 grados, pese a la época invernal.

Frente al Ministerio, al grupo de clavados, compuesto por seis chóferes y las dos mujeres, les esperaban otros siete conductores de autobús que fueron «crucificados» en la ciudad de Limpio en la misma fecha, y que hace una semana fueron conducidos hasta ese despacho, donde permanecen bajo carpas de plástico.

Con esos traslados, son ocho los compañeros que se mantienen «crucificados» en la parada de la línea 49 de autobús, en Limpio, donde comenzó la protesta, explicó a Efe la secretaria general de la Federación Paraguaya de Trabajadores del Transporte (Fepatrat), María Candia.

Y en total son 23 los chóferes o familiares que protestan contra el «despido masivo» de 51 trabajadores de la compañía La Limpeña, según ellos por formar un sindicato, cinco de los cuales tienen además la boca atravesada por clavos, recordó Candia.

«Esto es una persecución sindical. Los trabajadores fueron despedidos por organizarse en un sindicato, lo que viola sus derechos laborales», afirmó la representante de Fepatrat.

Explicó que los trabajadores habían decidido organizarse «cansados de la explotación laboral y de recibir tratos inhumanos» por parte de la empresa, propiedad del diputado Celso Maldonado, del opositor Partido Liberal.

«Los conductores trabajaban entre 18 y 19 horas por día, empezaban a trabajar a las tres de la madrugada y terminaban su turno alrededor de la medianoche, empezando a trabajar de nuevo a las cuatro de la madrugada», denunció Candia.

Añadió que además se les obligaba a «actuar como operadores políticos» para recabar afiliaciones en apoyo de la hija de Maldonado, que aspira a ser concejala de la ciudad de Luque tras las municipales de noviembre.

Norma Bogado, esposa de uno de los conductores despedidos, y que se encuentra crucificada desde hace 22 días, relató a Efe que su marido fue expulsado sin que la empresa diera ningún argumento.

«Estaba conduciendo su autobús y le preguntaron: ‘¿Estás con ellos? ¿Eres del sindicato?’, y como respondió que sí, le dijeron que se bajara del colectivo y se fuera a su casa», contó.

Bogado asegura que los clavos que atraviesan sus manos y la unen a una cruz de madera son «dolorosísimos», y lamenta no poder ver a su hija, que mañana cumplirá años y a la que «empieza a faltarle el pan» desde que despidieron a su marido, sustento de la familia.

«Nuestra gran lucha es contra el dinero, contra el dinero que utiliza el diputado Maldonado para comprar a fiscales, policías y ministros, pero que no le alcanza para comprar ni nuestra fuerza ni nuestras ganas de seguir luchando», enfatizó.