Roma, 12 jul (EFE).- La protesta de inmigrantes en la frontera ítalo-francesa cumple un mes y aunque todavía confían en cruzar a Francia por Ventimiglia otros lo han hecho ya desde otros puntos de Italia, como el sudsudanés Sadam, que contó su historia a Efe.

Ventimiglia, un apacible municipio italiano próximo a la frontera francesa, hace un mes se convirtió en el escenario de la protesta de cientos de inmigrantes ante la decisión de las autoridades galas de impedirles el paso.

Su reivindicación pronto alarmó a la opinión pública, no solo por lo inusitado de la misma, sino también por su peligrosidad: decidieron acampar en las afiladas rocas que preceden al paso fronterizo, junto a las aguas de un mar que les empapa.

El caso dio lugar a un rifirrafe diplomático entre Roma y París que de poco o nada sirvió: los gendarmes han seguido impidiéndoles el paso y muchos, desesperados por la larga espera, se han marchado de Ventimiglia para llegar a Europa desde otros lugares del país.

Es el caso de Sadam, un joven estudiante de Fisioterapia que llegó a Italia después de una odisea que arrancó con su huida de su país, Sudán del Sur, marcado desde su independencia del norte en 2011 por la escasez de alimentos y los conflictos bélicos.

Recostado junto a su hermana en los escollos de Ventimiglia, prometió escribir a Efe si conseguía pasar la frontera y así lo ha hecho, concretamente desde el campo de refugiados de la ciudad alemana de Braunschweig, en la Baja Sajonia.

«Escuchamos que algunas personas habían cruzado la frontera alemana y el 26 de junio decidimos probar suerte. Fue un largo viaje en tren desde Ventimiglia hasta Milán y luego hasta Verona, desde donde cruzamos a Austria para llegar a Múnich», recordó.

En la estación ferroviaria de Múnich fue interpelado por unos agentes de policía, que le invitaron a identificarse.

«Yo no tengo ningún documento y el policía me dijo que me haría unas cuantas preguntas rutinarias para enviarme al campamento y para después poder ser libre», señaló.

Cuando salió de su país lo hizo con la intención de alcanzar Noruega y, para ello, atravesó el desierto, llegó a Libia, fue secuestrado en Trípoli y liberado previo pago y cruzó el Mediterráneo para ser socorrido en la isla italiana de Lampedusa.

«Ahora estamos planeando qué hacer porque yo ya he gastado todo mi dinero. Además algunas personas que han intentado cruzar las fronteras con Dinamarca me han dicho que están cerradas. Puede que solicite el estatus de refugiado aquí, en Alemania», confesó.

Por el momento, esperará un tiempo para tomar decisiones porque Alemania es «un buen lugar», sobre todo -opinó- «por la situación económica y por el respeto de los derechos de los refugiados».

Hablando de su futuro en el Viejo Continente aseguró que «hasta ahora pensaba que sería increíble» pero primero tendrá que conseguir documentos que le permitan comenzar una vida.

«Creo que aquí hay muchas oportunidades una vez que consigues la documentación necesaria. Todo para empezar a estudiar o trabajar. Por el momento, no tengo documentación y ese es un gran problema», lamentó.

Su periplo ha sido largo y peligroso pero, aún así, lo tiene claro: «Estamos mejor que antes».

A Ventimiglia, sin embargo, siguen llegando inmigrantes que Italia y sus socios europeos rescatan en el mar, si bien la situación ahora está «más controlada», explicó a Efe la coordinadora de Cruz Roja Italia Fiammeta Cogliolo.

Los inmigrantes que llegan a este municipio ligur se reparten principalmente en dos zonas: algunos optan por protestar llamando a las puertas francesas y acampando en los escollos del Puente San Ludovico, a pocos metros del confín.

Otros, por contra, prefieren un lugar más cómodo para la espera y se decantan por quedarse en el centro de acogida que el ayuntamiento y varios organismos humanitarios han habilitado junto a la estación de ferrocarril.

En la estación en la actualidad «viven» doscientas personas mientras que en los escollos, el número de inmigrantes no supera los cuarenta, una cifra muy inferior de los más de ciento cincuenta que llegaron a agruparse en los peñascos.

Cogliolo señaló que muchos se han marchado a otros puntos para tratar de llegar a Europa y los más perseverantes lo hacen recorriendo las vías de tren hasta Francia, aunque en cuanto son descubiertos son devueltos a Italia por el puente de San Luigi.

«Aquí continúan sin dejar pasar, la frontera sigue cerrada. Los inmigrantes que decidan quedarse en Ventimiglia deberán comprender tarde o temprano que, si esperan a la apertura del paso, se arriesgan a una larga espera», zanjó.