Kabul, 20 abr (EFE).- Varios parlamentarios cuestionaron hoy la capacidad del Gobierno afgano para garantizar la seguridad de los civiles tras un atentado mortal el sábado de un grupo vinculado con el Estado Islámico (EI) que dejó 34 muertos, y pidieron la revisión del acuerdo de seguridad bilateral con Estados Unidos (BSA).

«Hemos desafiado todas las amenazas nacionales y regionales para aprobar el BSA esperanzados de que trajera seguridad, pero ahora los afganos son asesinados brutalmente no solo por los talibanes sino también por un nuevo fenómeno, el Daesh (acrónimo del grupo yihadista EI en árabe)», declaró el legislador Obaidullah Barakzai.

El diputado exigió al Gobierno afgano que ponga punto final al acuerdo militar con Estados Unidos si no garantiza la seguridad del país.

El sábado, 34 personas murieron y 125 fueron heridas en un ataque a un banco estatal en la provincia de Nangarhar (este) que fue reivindicado por un grupo supuestamente vinculado con el EI, en el que sería el primer atentado de ese grupo en el país.

El presidente afgano, Ashraf Gani, aseguró el sábado que el atentado, sumado a otras acciones atribuidas al EI en Afganistán, como «decapitaciones y secuestros», son «signos de un nuevo tipo de guerra» en el país asiático y una «grave amenaza», aunque algunos, como la misión de Naciones Unidas en el país, han cuestionado que se trate realmente de una acción de ese grupo insurgente.

«Si Estados Unidos no va a ayudarnos a superar estos incidentes brutales, entonces no hay necesidad de ningún BSA que aplicar», afirmó hoy Hazrat Ali, antiguo señor de la guerra y actual miembro del Parlamento.

«Al Daesh no le importan los civiles, matan a nuestra gente de forma brutal y el Gobierno solo lo condena», denunció Ali, al alertar de que habrá más «ataques brutales» si no mejora la situación de seguridad.

Afganistán y Estados Unidos firmaron en septiembre, tras una larga negociación, en BSA, un acuerdo que contempla la permanencia de alrededor de 10.000 soldados estadounidenses en el país en tareas de entrenamiento y asistencia a las fuerzas afganas.

Estados Unidos mantiene las tropas en el marco de la operación «antiterrorista» que continúa en el país a pesar de que debían retirarse en 2016, aunque la Casa Blanca está revaluando esas fechas.

Los grupos insurgentes han incrementado su actividad con la llegada de la primavera, después de que a finales del año pasado la OTAN pusiera punto final a su misión de combate en el país para sustituirla por un plan de asistencia técnica al Ejército afgano bajo el nombre Apoyo Decidido.

El ministro del Interior afgano, Noor-ul-Haq Ulomi, dijo ayer que el ataque de Nangarhar fue perpetrado por «los grupos de siempre, que únicamente han cambiado sus nombres, (…) un día aparecen con el aspecto de Al Qaeda, otro día con el de los talibanes y ahora con el del EI».

El servicio secreto de Afganistán, NDS, informó hoy en un comunicado que cuerpos de seguridad frustraron ayer otro ataque coordinado contra objetivos civiles en la provincia de Lagham y arrestaron a cuatro supuestos suicidas con explosivos.