Túnez, 5 oct (EFE).- Túnez celebra este domingo elecciones legislativas, las segundas en democracia, en las que concurren más de 1.500 listas electorales y cerca de 15.000 candidatos aspiran a ocupar los 217 escaños de la Asamblea de Representantes del Pueblo.

Esta cita electoral ha sido eclipsada por unas controvertidas elecciones presidenciales que tendrán su segunda vuelta el próximo 13 de octubre. Apenas ha logrado atraer el interés del electorado, hastiado del cruce de acusaciones y las continúas campañas de desinformación.

Todo esto se traducirá, según los analistas, en una baja participación, a pesar de la cifra récord de 7 millones de tunecinos inscritos en el censo. A ello se suma, advierten, el llamado «voto de la vergüenza», aquellos electores que dicen estar indecisos ya que no se atreven a revelar públicamente por quién votarán, que también tiene un efecto de voto «útil».

Sin embargo, la mayor preocupación de estos comicios es la fragmentación política.

Los pronósticos revelan un mosaico parlamentario con los partidos independientes a la cabeza -vencedores de las últimas elecciones municipales de 2018 con un 30 % de los sufragios- que dificultaría la formación de un Gobierno, que deberá ser apoyado por una mayoría de 109 diputados.

Según los sondeos internos -los públicos están prohibidos durante el periodo de elecciones-, el partido islamista Ennahda y el recién fundado Corazón de Túnez, del candidato a la presidencia Nabil Karoui (actualmente en prisión), se disputarían el primer puesto por escasos puntos de diferencia.

En algunas circunscripciones las rivalidades van más allá de la política. En el caso de la lista número uno de la capital tunecina, la situación actual refleja uno de los capítulos sin cerrar de la transición democrática: los asesinatos políticos.

Ennahda, hasta ahora la principal fuerza en el Parlamento, decidió dar un paso al frente y presentar por primera vez como candidato a su líder y «Cheikh» (sabio), Rached Ghannouchi, lo que para muchos es una etapa previa a la conquista del Parlamento.

Frente a él concurre la abogada Basma Khalfaoui, la viuda de Chokri Belaid, el líder del Frente Popular asesinado en 2013 por un extremista salafista. Un crimen del que la candidata acusa directamente a Ennahda.

A 70 kilómetros de distancia, en la ciudad costera de Bizerta, se vive otra contienda, mucho más opulenta.

El candidato de Corazón de Túnez no es otro que el hermano del aspirante a la presidencia, Ghazi Karoui, que se encuentra en paradero desconocido desde que la Justicia dictara el pasado 23 de agosto una orden de arresto contra ambos, acusados de un supuesto delito de blanqueo de dinero y evasión fiscal.

Nabil Karoui es además fundador de la cadena de televisión Nessma TV -la más vista del país- y de la ONG Khalil Tounes, que distribuye comida desde hace años en las regiones más desfavorecidas del país, lo que le ha valido el apodo mordaz de «Señor Macarrones».

Una de sus principales competidoras es Olfa Terras Rambourg, una filántropa que amasó una gran fortuna gracias a las finanzas en la City de Londres y su matrimonio con un exbanquero franco-canadiense.

Rambourg es precursora del movimiento Aich Tounsi (Vivir a la tunecina), una iniciativa que comenzó como una asociación caritativa y que más tarde decidió transformarse en partido político.

Una de las críticas más repetidas por la sociedad civil es la falta de un programa electoral y la ausencia de un ideario ideológico.

El proyecto «Chnowa barnemjek?» (¿Cuál es tu programa?, en dialecto tunecino), una plataforma digital para divulgar las propuestas políticas e incentivar la participación de los jóvenes, se lamenta de que tan sólo diez listas de todo el país hayan hecho públicos sus programas.

«Todavía estamos en una fase de aprendizaje en el proceso democrático, los programas son una tradición poco extendida entre la clase política y la ciudadanía. Es por eso que tratamos de promoverlo, para presionarles a que respeten sus promesas y rindan cuentas más tarde», explica a Efe su cofundador, Mohamed Ghedira.

«Algunos partidos creen que si lo publican, sus adversarios se lo robarán», añade con cierta ironía.

Una reciente encuesta de la Instancia Nacional de Lucha contra la Corrupción (INLUCC) revela que el 80 % de los tunecinos desconfían de los partidos políticos y un 75 % lo hacen de los diputados.

Según el último informe de la ONG Al Bawsala, que analiza el trabajo parlamentario, esta legislatura representa un «fracaso» por varias razones.

La más importante: no haber cumplido con tareas prioritarias como la creación y renovación de las cinco instancias constitucionales, principalmente del Tribunal Constitucional, pendiente desde 2015.

Otro de los motivos es el absentismo, que pasó del 13 % al 37 % en tan sólo cuatro años, y el llamado «turismo parlamentario»: 87 diputados de un total de 217 cambiaron de bloque durante este mandato.

Por Natalia Román Morte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *