Lisboa, 25 abr (EFE).- Los portugueses conmemoraron hoy el 42º aniversario de la Revolución de los Claveles, que puso fin a casi medio siglo de dictadura, con una jornada que quedó marcada por las llamadas a los consensos políticos.

Los tradicionales claveles rojos volvieron a convertirse un año más en símbolo de libertad en las calles de Portugal y adornaron el edificio de la Asamblea de la República, donde el presidente luso, Marcelo Rebelo de Sousa, participó por primera vez como jefe de Estado en los actos para conmemorar la efeméride.

El presidente fue el encargado de lanzar el mensaje de consenso político durante su discurso en la sesión solemne de la Asamblea, en el que pidió unidad a los partidos para afrontar los desafíos del país.

Aunque reconoció que existen dos modelos alternativos para gobernar en Portugal, el jefe del Estado defendió que «el pluralismo político no impide consensos sectoriales de régimen» y apeló al entendimiento en ámbitos como la sanidad, la seguridad social, la justicia y el sistema financiero.

«Portugal no puede ni debe continuar viviendo sistemáticamente en campaña electoral. Exige estabilidad política, crucial para la estabilidad económica y social», afirmó durante su intervención.

Las últimas elecciones legislativas, celebradas en octubre, dejaron en Portugal un escenario inédito: un Gobierno socialista posibilitado gracias a un pacto de ámbito parlamentario con las otras fuerzas de la izquierda, a pesar de que los comicios fueron ganados por los conservadores.

Este escenario es una muestra de las oportunidades que existen para el consenso, a juicio del primer ministro, António Costa, que calificó el discurso de Rebelo de Sousa como «justo», «tranquilizador» sobre el presente y «motivador» de cara al futuro.

«El régimen en sí es un enorme consenso y la democracia es un régimen de diálogo permanente. Quedó demostrado después de las elecciones que hay muchas más posibilidades de diálogo de lo que algunos se imaginaban», explicó.

El mensaje tampoco cayó en saco roto para los diferentes partidos políticos, que se mostraron disponibles para buscar consensos.

El líder parlamentario del conservador PSD, Luís Montenegro, subrayó que ninguna fuerza política puede dar «lecciones de disponibilidad para consensos» a su formación y prometió ejercer una oposición «saludable».

En cuanto a los socios de izquierda de los socialistas, la líder del marxista Bloque de Izquierda, Catarina Martins, recordó que «incluso cuando había una mayoría de derecha, el Bloque nunca dejó de discutir proyectos y hubo avances legislativos».

Por su parte, el líder comunista, Jerónimo de Sousa, se mostró disponible para «tender puentes» en los casos en los que se produzcan efectos «positivos» para el pueblo portugués.

Los actos oficiales contaron con sonadas ausencias un año más, entre ellas la del expresidente socialista Mário Soares, pero supuso la vuelta al Parlamento de los «Capitanes de Abril», líderes del levantamiento militar de 1974 y ausentes en los últimos cuatro años en protesta por las políticas del anterior Gobierno conservador.

Este año también se recuperó una iniciativa que había desaparecido durante la crisis, la jornada de puertas abiertas en la residencia oficial del primer ministro, el Palacio de São Bento, donde los ciudadanos tuvieron la oportunidad de pasear por los jardines e incluso conversar con el propio António Costa.

En las calles, millares de personas desfilaron en las principales ciudades de Portugal para recordar una vez más la fecha en que se instauró la democracia en el país.

El desfile más multitudinario fue el de Lisboa, convocado por la Asociación 25 de Abril y las centrales sindicales, que recorrió la céntrica Avenida de la Libertad y en el que estuvieron también presentes los líderes de la izquierda radical.

La marcha, que partió de la Plaza de Marqués de Pombal, reunió a miles de personas, entre ellas a un grupo de brasileños que aprovechó la ocasión para protestar contra la posible destitución de la presidenta Dilma Rousseff.