Manila, 14 abr (EFE).- El jefe de grupo rebelde armado Luchadores por la Libertad Islámica del Bangsamoro (BIFF), Ameril Umbra Kato, murió hoy de un infarto cerebral en Filipinas, informaron fuentes del movimiento musulmán.

Kato, a quien los medios filipinos atribuyen 68 o 69 años de edad, falleció en una de sus guaridas situada en una zona montañosa de la provincia de Maguindanao, en la sureña isla de Mindanao, según el diario local «Inquirer».

El portavoz de las Fuerzas Armadas de Filipinas, Joselito Kakilala, explicó en el canal de televisión GMA que el líder rebelde se encontraba «muy enfermo» desde que sufrió un derrame cerebral en noviembre de 2011 que le paralizó parte del cuerpo.

El militar indicó que la vida fugitiva que llevaba, teniendo que cambiar continuamente de refugio, no contribuyó a su recuperación.

Kato creó en 2008 el Movimiento de Liberación Islámica del Bangsamoro de una escisión del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), cuando esta organización musulmana, la mayor de Filipinas, negociaba el tramo final de las conversaciones de paz con el Gobierno.

El jefe rebelde renegó del trato y comenzó, secundado por Abdurahman Macapar, alias Comandante Bravo, una ofensiva en Mindanao que causó medio centenar de muertos y unos 360.000 desplazados.

Ese mismo año, el FMLI le expulsó de sus filas, pero no le entregó a las autoridades, y el Gobierno elevó la recompensa por su captura hasta los 10 millones de pesos (224.494 dólares o 210.593 euros).

Las fuerzas de seguridad de Filipinas le buscan desde entonces para que responda ante la justicia por asesinatos, incendios y robos diversos.

El Gobierno y el FMLI firmaron en marzo de 2014 un histórico acuerdo de paz que establece una tregua y prevé la creación de una región autónoma musulmana en partes de Mindanao en el año 2016.

No obstante el pacto, grupos armados islámicos como Abu Sayyaf y el citado BIFF, entre otros, mantienen vivo en el sur de Filipinas un conflicto que se ha cobrado entre 100.000 y 150.000 muertes, al menos un 20 por ciento de ellas civiles, en cuatro décadas.

El conflicto separatista además paraliza el desarrollo de una región rica en recursos naturales y empobrece a la población.