Islamabad, 19 jun (EFE).- La operación Zarb-e-Azb (Afilado y cortante) lanzada contra los talibanes en el oeste de Pakistán hace un año ha causado casi 3.000 presuntos insurgente muertos, un descenso de los atentados y decenas de miles de familias desplazadas tras doce meses de bombardeos.

Pakistán ha bombardeado su provincia de Waziristán del Norte durante un año. Lo hizo para luchar contra los talibanes en un enclave que ha permanecido tradicionalmente fuera del control del Estado, en la segunda operación militar de gran escala lanzada en este país en los últimos años.

A diferencia que en la anterior, en 2009, cuando el Ejército intervino en la vecina Waziristán del Sur, en esta los bombardeos se han repetido casi a diario, con un resultado que los militares ven como positivo y problemas que nadie sabe bien cuando se resolverán.

«Creo que ha sido un éxito en términos militares al recuperar el control de la zona», indicó a Efe el analista militar Talat Masood, que subraya que el objetivo era «establecer el control del Estado y ser capaces de deshacerse de los talibanes que habían ocupado completamente la zona».

De acuerdo con la Oficina de Prensa del Ejército (ISPR) desde el inicio de la operación, el 14 de junio de 2014, han muerto 2.763 «terroristas», han sido destruidos 837 refugios y han sido recuperadas 253 toneladas de explosivo.

El ISPR indicó que han sido ejecutadas 9.000 operaciones basadas en inteligencia, con la detención de miles de presuntos «terroristas» y «cómplices», y han matado a 218 de los supuestos terroristas más fundamentalistas y radicales.

Según esa misma fuente, han sido recuperadas miles de armas y municiones, intervenidas infraestructuras de comunicaciones de los insurgentes que han sido destruidas y los santuarios han sido despejados.

Al menos 347 militares han perdido la vida en las operaciones, según un recuento que no ha podido ser contrastado por fuentes independientes, dado que la prensa no puede acceder a ese área.

«La operación está marchando bien. Gran parte de la zona está despejada y la red de terroristas ha sido afectada», indicó a Efe el mayor general retirado Athar Abbas, exdirector general del ISPR.

Abbas señaló que la operación «no tiene límite de tiempo».

Grandes localidades como Miranshah, Mirali, Dattakhel, Boya y Degan, consideradas como feudos de los insurgentes, han sido despejadas pero algunas zonas fronterizas con Afganistán todavía permanecen bajo control de los talibanes.

Pero tras el desmantelamiento de 27 centros de preparación de munición, cohetes y dispositivos explosivos, la capacidad de los talibanes de llevar a cabo ataques terroristas parece haberse debilitado.

Los ataques insurgentes han caído en Pakistán al su nivel más bajo en seis años, según indicó esta semana el centro de estudios Instituto de Pakistán de Estudios sobre Conflicto y Seguridad (PICSS) que sigue la actividad insurgente en el Centro, el Sur y el Oeste de Asia.

Antes de Zarb-e-Azb, PICSS tenía registrado que los ataques insurgentes habían subido a un máximo de 154 ataques mensuales, que ahora ha caído más de un 50 por ciento hasta los 71 atentados mensuales.

Sin embargo, el impacto en la población civil ha sido enorme. Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiado (ACNUR) hay 102.000 familias desplazadas por el conflicto que ahora deben regresar a una zona cuya infraestructura, ya antes muy débil, debe ser reconstruida.

«Hasta ahora 1.600 familias han regresado voluntariamente a las áreas que han sido desnotificadas», indicó a Efe Hussain Changaiz, oficial de ACNUR para Desplazados Internos, al referirse a las zonas a las que se les había retirado la notificación de evacuación.

«No sabemos exactamente cuando las autoridades desnotificarán las otras zonas. El plan de las autoridades es que regresen entre 29 y 30.000 familias para el final de año», agregó Changaiz.

Además, de la operación Zarbe e Azb hay una operación de inteligencia en marcha en la mayor parte de las ciudades importantes de la provincia sureña de Punjab, donde se encuentran organizaciones fundamentalistas y radicales.

Amjad Alí