Al Raqa (Siria), 10 abr (EFE).- Durante los tres años de ocupación del Estado Islámico (EI) en la ciudad siria de Al Raqa, los yihadistas «saudíes» convirtieron una casa de tres plantas en su sede de operaciones. Tras su expulsión, se ha convertido en el único centro de la región que trata a los mutilados por los terroristas.

Hope Makers (Creadores de Esperanza, en inglés) es la ONG que pone nombre a esa casa emplazada en el barrio de Harat al Badu, uno de los últimos en ser arrebatado a los extremistas por las fuerzas kurdas, que expulsaron al EI de Al Raqa en octubre de 2017.

En la zona los escombros todavía cuelgan de los edificios destruidos por los combates y las minas colocadas por el EI siguen acechando, siendo el mayor peligro para los residentes, sobre todo, los más pequeños.

Firas Mamduh Fahd, director de la ONG, explica a Efe que la mayoría de las víctimas de las minas «perdieron sus extremidades durante el asedio de la ciudad», entre junio y octubre de 2017, porque el EI «impidió a los civiles salir» de la urbe, que fue su capital de facto desde 2014.

Tan solo hace cuatro meses, junto a un pequeño equipo, Mamduh Fahd, sirio nacido en Alemania, abrió este centro para tratar a los mutilados, «el único» de su tipo en el noreste de Siria.

«Desafortunadamente no pudimos abrir filiales en otras partes de Siria», afirma, aunque confía en hacerlo en la provincia de Deir al Zur «porque también pagó un precio muy alto» al ser el último bastión del EI en todo el país, hasta el pasado 23 de marzo.

«Nuestra organización no recibe ningún apoyo, dependemos de nuestros propios esfuerzos y recursos. Conseguimos prótesis a un coste menor. Las compramos con el dinero de nuestro bolsillo, con el dinero de los empleados», asegura Mamduh Fahd, y agrega que la mayoría de ellas proceden de Alemania y Malasia.

Han construido el centro con «esfuerzo y con la ayuda de gente bondadosa».

«Pero desafortunadamente, llevamos cuatro meses sin recibir apoyo ni financiación de nadie», agrega.

Unas 30 personas completan el equipo de voluntarios que ofrecen asistencia médica y psicológica: además de los mutilados que tienen la oportunidad de ser operados y que se les coloque una prótesis, también reciben tratamiento los que tienen algún tipo de trauma.

Este es el caso de una mujer que tiene dañado el nervio óptico y, enfundada en un velo integral que solo deja entrever su mirada, se sienta aquejada mientras es tratada por una de las doctoras, tal y como constata Efe.

«Esto no es solo un centro de prótesis, sino un centro de rehabilitación donde atendemos a miles de paralizados, mayores y mutilados. Mucha, mucha gente necesita un centro gratis» de estas características, explica Fahd.

Asevera que si logran financiación, desean «abrir clínicas especializadas gratis, porque la gente en Al Raqa no se puede permitir el alto precio del tratamiento. Porque la ciudad no tiene un hospital general» público, que por el conflicto quedó fuera de servicio y todavía no ha sido reabierto.

El doctor Itan al Ahmed, el único especialista en prótesis en el noreste de Siria, señala a Efe que en la región hay «3.700 casos de mutilados, entre ellos 50 o 60 niños. Y casi el 40 % del total son mujeres».

En circunstancias normales, un especialista como Al Ahmed cobraría 5.000 dólares al mes, destaca el director de la ONG. Pero hace su trabajo gratis.

El doctor apunta que él y su equipo han conseguido colocar prótesis a casi 40 personas, entre ellos niños y mujeres, desde la apertura del centro.

Una de las tareas más importantes ahora es la «corrección» -explica Al Ahmed- ya que cuando las víctimas quedaron heridas se les amputaron las extremidades «de emergencia», sin que los trabajadores sanitarios «tuvieran idea» porque solo buscaban «salvarles la vida».

En el centro también organizan sesiones de grupo para que «los niños interactúen entre ellos porque durante muchos meses sufrieron el aislamiento», además de prestar apoyo a las familias para «facilitarles la vida», dice Fahd.

Y «gracias a Dios, nuestros niños con las prótesis reaccionan bien ante la vida», concluye satisfecho.