Ginebra, 18 oct (EFE).- Los suizos renovarán hoy las dos cámaras de su Parlamento, a las que se presentan unos 4.000 candidatos para doscientos asientos en la cámara de diputados y 46 en la senadores, tras una campaña electoral que ha tenido como tema central de debate la cuestión del asilo y la migración.

La composición definitiva de la cámara baja, la más numerosa, para los próximos cuatro años será la que revele, al final del día, si Suiza se inclina todavía más hacia la derecha y en qué magnitud.

El sistema político de Suiza es profundamente estable, con un gobierno único en su género, denominado “colegiado” o de “concordancia”, en el que el Ejecutivo está dirigido por siete miembros que representan a los cuatro principales partidos políticos.

Los siete integrantes del Gobierno federal son titulares, a su vez, de una cartera ministerial, tienen poderes iguales y se turnan anualmente la presidencia el país.

Los analistas políticos consideran que lo que está en juego en las elecciones de hoy es principalmente la tendencia general del gobierno, que se ha mantenido en el centro-derecha del espectro político en los últimos cuarenta años.

La configuración del gobierno ha impedido así que el partido UDC, de corte nacionalista, populista y liberal en lo económico, pero conservador en lo social, que es de lejos el más votado entre los cuatro partidos gobernantes, haya impuesto su línea e ideología en la gestión del país.

Las elecciones de hoy pueden hacer inclinar la política todavía más a la derecha, con lo que la UDC podría reivindicar un segundo lugar en el Gobierno federal, lo que reflejaría su peso político real.

El resto de partidos temen esta posibilidad porque esto supondría que influencia se vería reducida.

Los sondeos pronostican la victoria de la UDC, pero no está claro si esta victoria será significativa o sólo lo reafirmará como partido con más apoyos en el electorado, tras haber conseguido apropiarse de los temas que más preocupan a los helvéticos, como la inmigración.

La UDC sostiene que hay que romper con el tratado Schengen de libre circulación de personas con la Unión Europea (UE) y endurecer la política de asilo para reducir todavía más el número de refugiados que Suiza acepta.