Grabovo (Ucrania), 17 jul (EFE).- Con una misa, un mitin-réquiem y la inauguración de una lápida, la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD) rindió hoy su particular homenaje a los 298 fallecidos en la tragedia del Boeing malasio que cayó abatido por un misil hace un año en el pueblo de Grabovo.

«¿Quién es esta gente? No entiendo nada», cuchicheaban dos ancianas del lugar al ver en el pueblo a un montón de desconocidos a primera hora de la mañana, cuando dio inicio este homenaje extraño y artificial con una ceremonia religiosa.

La procesión sale desde la iglesia y despacio, entonando cánticos, los asistentes se dirigen hacia la lápida memorial que quedó instalada anteayer, a última hora de la noche, donde ya se ha congregado una pequeña multitud.

De nuevo se escuchan comentarios -«¿Estos de dónde son, de Donetsk o qué?»- y parece que en verdad son de Donetsk. Cuando queremos saber de dónde son, responden secamente: «somos de aquí» y se van.

En ese momento, una anciana sale de su casa y cuando le preguntamos si va al réquiem nos mira extrañada: «¿al réquiem? No, voy a ordeñar a la vaca, aún no le he dado de comer».

La leyenda inscrita en la lápida hace este homenaje todavía más frío y despersonalizado: «en recuerdo de los 298 fallecidos, víctimas inocentes de la guerra civil».

Alrededor se agolpan niños, mayores, algunos con pancartas que rezan: «A vosotros os mataron y a nosotros nos siguen matando» o «Kiev, deja de disparar», en alusión a la guerra que libran los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk y las fuerzas ucranianas leales al Gobierno central.

Todo estaba preparado con antelación, pero hay algo que no va bien: Alexánder Zajárchenko, el líder de la RPD, no está; lleva ya más de una hora de retraso sobre el horario previsto y la gente espera.

«Nos habían prometido que a las 12.00 estaríamos en casa», se quejan algunos.

Alrededor del monumento, otras personas enarbolan las banderas de los países de dónde procedían los pasajeros del fatídico vuelo MH17.

Pasa otra hora y Zajárchenko sin llegar. Algunos comienzan a disolverse, pero los sacerdotes, los niños y las mujeres esperan. No hay baños y la gente empieza a llamar a las casas de los lugareños pidiendo pasar al aseo. «!Pero hasta cuándo vamos a esperar!», se quejan unos policías que hacen fila.

El cortejo de coches negros de Zajárchenko se acerca y por fin sale el líder de los rebeldes de Donetsk, para culpar a los ucranianos de la tragedia del avión.

«La República Popular de Donetsk, desde el mismo momento en que ocurrió este horrible crimen, ha prestado toda la ayuda posible para su esclarecimiento. Y ahora seguimos dispuestos a ayudar a aquellos que buscan la verdad y castigar a las autoridades ucranianas, que permitieron esa tragedia», afirma Zajárchenko.

«Cualquier muerte es una tragedia, pero sobre todo cuando mueren civiles inocentes», añade, antes de pedir un minuto de silencio por los fallecidos.

Los niños sueltan al cielo 298 globos blancos, en recuerdo de los pasajeros, mientras la conductora del acto lee unos versos con voz impostada mientras de fondo suena la música del Ave María.

Un año después, la investigación oficial que lleva a cabo Holanda, país del que procedían la mayor parte de las víctimas, aun no ha concluido, y tanto los prorrusos como Rusia cuestionan el borrador filtrado a los medios que culpa a los rebeldes separatistas del derribo.

«Me dirijo a los familiares de los fallecidos: si deseáis venir aquí a recordar a vuestros allegados, nosotros prometemos garantizar plenamente vuestra seguridad y recibiros como a los huéspedes más queridos», asegura Zajárchenko.

Además de 193 víctimas holandesas, viajaban en el avión 27 australianos, 44 malasios, 12 indonesios, 4 belgas, 4 alemanes, 9 británicos, 3 filipinos, 1 canadiense y 1 neozelandés.