Beirut, 22 nov (EFE).- En la zona cero de las protestas en Beirut, se erige una jaima de color morado en la que Malek Kabrit, inspirado en el partido político español Podemos, es uno de los que abandera la agrupación secular Sabaa para derrocar a un Gobierno que ha llevado al país a una de sus peores crisis.

Hace tres años se formó el partido centrista y secular en un Líbano regido por el sectarismo dividido en 18 comunidades religiosas reconocidas y que tenía como objetivo “luchar contra la corrupción”, indica a Efe Kabrit, coordinador legislativo de la agrupación.

“Primero, vamos a lavar los trapos sucios en casa”, afirma Kabrit, que se sienta a unos metros de una gran mano con el puño alzado que pone en árabe “revolución” y que corona la plaza de los mártires, núcleo de las protestas que comenzaron en las calles del Líbano el pasado 17 de octubre.

La chispa saltó por una iniciativa del Gobierno de aplicar una tasa a las aplicaciones de mensajería como Whatsapp, posteriormente retirada, y que se tornó en una manifestación pacífica en todo el país pidiendo la caída de todo el Gobierno.

DESDE EL LÍBANO PARA EL LÍBANO

Sabaa tiene como pilares la “anticorrupción y los derechos humanos” para todo su pueblo: “solo lidiamos con temas libaneses, no con causas internacionales”, asegura Kabrit, de 54 años.

“Lo que nos hace diferentes del resto es que nosotros somos horizontales, no verticales. Esto quiere decir que los otros buscan primero lo regional, luego la religión y, tercero, la tradición y cultura. Nosotros somos desde Akkar (norte) al sur hasta Baalbeck (este). Somos un solo Líbano”, asevera.

La revolución en el país mediterráneo se ha distinguido porque los libaneses han agarrado su bandera, y no la de ningún partido o afiliación religiosa, para ondearla en las plazas, alejándose del sectarismo que arrastra el país desde el fin de la guerra civil, que terminó en 1990 tras 15 años, y cuyas cicatrices están todavía presentes en los muros de sus edificios.

A pesar del pacifismo que se ha vivido desde el inicio de las marchas, manchadas por la muerte de una persona por tiros del Ejército libanés la semana pasada, Kabrit vivió un episodio en la plaza en el que un grupo de jóvenes destrozaron su tienda, junto a otras más instaladas en el lugar.

Pero, como señala, en “45 minutos puse unas nuevas; fui al coche y volví para instalarlas”, se consuela.

LOS INDEPENDIENTES, UNIDOS

“No hay mucha diferencia entre nosotros y otros partidos como el Bloque Nacional. Somos similares, gente intelectual, misma imagen, misma causa. No creo que seamos muy diferente. Ponemos nuestro dinero y nuestro corazón”, asevera Kabrit.

Con tan solo 34 años, Naji Bou Khalil es miembro del comité ejecutivo del Bloque Nacional libanés, una de las agrupaciones más antiguas del país, pero que tuvo que abandonar la política después de que su partido decidiera no formar parte de la guerra civil, en 1975.

Su fundador, Emil Eddeh, tuvo que emigrar a París después de que se intentara acabar con su vida hasta en tres ocasiones, relata Naji a Efe desde la sede de su partido, a tan solo un kilómetro de la plaza de los mártires.

El joven risueño, que fue uno de los que relanzó el partido en febrero de 2019, busca que haya “un Gobierno civil, moderno y sin cuotas sectarias”, aduce, ya que el Gobierno está regido por un sistema confesional en el que el presidente debe ser cristiano, el primer ministro musulmán suní y el presidente del Parlamento, chií.

El resto de escaños se reparten en las otras comunidades.

“Las demandas son básicas y unificadas lo que nos ayuda a mantener la unidad en las calles”, indica sentado en el pequeño patio de la sede del partido republicano y secular, y añade que tienen “grandes esperanzas de que el Líbano cambie a través de esta revolución”.

Durante las protestas quienes han tomado las riendas de las marchas han sido las mujeres para pedir unos derechos de las que se ven privadas, como transmitir la nacionalidad libanesa a sus hijos por una ley colonial vigente, así como los estudiantes desde las universidades.

“La diferente entre nosotros y otros partidos independientes en la revolución es la historia (…) pero no quiero ver las diferencias, sino más bien en el lado positivo que es que quizás estos grupos no eran capaces de trabajar juntos antes”, afirmó.

“Hoy, se está demostrando que nos podemos coordinar hasta cierto punto y estamos mejorando”, concluye.

Isaac J. Martín

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