Bruselas, 31 mar (EFE).- Los atentados de Bruselas han dejado 32 muertos, más de 300 heridos y una fractura en la confianza ciudadana que algunos radicales aprovechan para arremeter contra extranjeros y musulmanes, que responden que ellos también son víctimas del horror del aeropuerto de Zaventem y la estación de metro de Maelbeek.

«Somos tan víctimas como cualquiera. Los atentados no hicieron ninguna distinción de religión, raza o nacionalidad», señaló a Efe Nabila Rhafour, de confesión musulmana y vecina del multicultural distrito de Schaerbeek, del que partieron los tres terroristas hacia el aeropuerto en taxi la mañana del atentado.

Habían alquilado un apartamento en el barrio, en el que la Policía encontró 15 kilos de explosivos y una bandera del grupo terrorista Estado Islámico.

Nabila reconoce que sintió miedo por su familia y su hija, y confiesa que desde los atentados ha limitado sus desplazamientos por temor a que alguien se meta con ella por ser musulmana.

Los atentados de la semana pasada han reavivado el miedo de la comunidad musulmana ante posibles represalias, como le contó esta semana un estudiante de la ciudad valona de La Louvière a la cadena RTBF después de recibir una paliza al salir del instituto.

Los padres de Idriss, de 15 años y origen argelino, han presentado una queja contra los agresores.

«Los que perpetraron el atentado serán árabes pero no son musulmanes. Es distinto. El islam es paz. Si no conoces la religión y la forma en la que viven los musulmanes, puedes confundirte», recalca por su parte Nino Etina, profesor y también residente en Schaerbeek.

Nino dice entender que la gente esté asustada porque no hay seguridad y cualquiera puede disparar o hacer estallar una bomba, pero recalca que «el islam es una religión de paz».

El pasado domingo un grupo de extrema derecha irrumpió en la plaza de la Bolsa de Bruselas, donde se celebraba un homenaje a las víctimas de los atentados, que quedó empañado por sus cánticos xenófobos y las agresiones a algunas de las personas presentes.

La policía antidisturbios tuvo que intervenir con cañones de agua para desalojar a los radicales, algunos de los cuales fueron detenidos.

Tera Ginting, un trabajador musulmán de Lieja, dice que lo que ocurrió en la Bolsa es «irrespetuoso» en un momento de duelo nacional.

«Se refuerza la estigmatización, es una pena», afirma, al tiempo que subraya que «no hay que mezclar, las motivaciones de los terroristas no son religiosas».

«Solo porque alguien sea musulmán no quiere decir que sea terrorista ni que esté de acuerdo con los terroristas. Debemos mantenernos unidos», afirmó.

Khalid Abroum, musulmán practicante y habitante en el distrito bruselense de Molenbeek, del que salieron los autores de los atentados del 13-N en París, considera que «se ha instalado el clima del miedo y el racismo aumenta de una manera fulgurante».

«Desafortunadamente algunos locos cometen actos horribles que quieren hacer creer que es religión. Es falso», sostiene, y dice que espera que los responsables paguen por sus acciones.

Para este sábado el movimiento francés de extrema derecha «Génération Identitaire» (Generación Identitaria) planeaba una marcha en Molenbeek para reclamar que «los islamistas se vayan fuera de Europa», pero las autoridades han prohibido la manifestación.

Khalid insiste en que «estos atentados no tienen nada que ver con el islam», y reconoce que cada vez se siente menos seguro en Bélgica.

«Algunos ciudadanos me miran diferente. Me siento como el culpable. Es triste, pero cuando cojo el metro o paseo por la calle veo esas miradas de miedo. Me pasa a menudo tras el terrible ataque», asegura.

A la pregunta de qué estamos haciendo mal, este joven de Molenbeek responde que Europa y Bélgica participan en guerras de todo el mundo por objetivos geopolíticos.

«En Irak, en Libia, en Siria todas estas guerras desgraciadamente tienen un único y mismo objetivo: dinero, y todo esto a cambio de la vida de inocentes», declara.

En su opinión, Europa «hace creer que su meta es instalar una democracia en países donde reinan las dictaduras, pero nos damos cuenta de que solo intentan camuflar su pillaje y su colonización».