Manila, 7 may (EFE).- Cientos de miles de filipinos se echaron hoy a la calle para participar en los mítines con los que los candidatos en las elecciones generales de Filipinas pusieron fin a tres meses de tensa campaña electoral.

El polémico Rodrigo Duterte es el candidato presidencial favorito en los comicios del próximo lunes, seguido de la senadora Grace Poe, mientras que otros aspirantes son el vicepresidente, Jejomar Binay, la senadora Miriam Defensor y el ministro del Interior, Mar Roxas.

Más de 600.000 personas abarrotaron el mitin del candidato en Luneta, en el corazón de Manila, donde se desplegaron unos 1.200 policías para garantizar la seguridad de los asistentes.

“Yo no me jacto de ser un gran hombre, ni de tener importantes títulos ni matrículas de honor (…) pero moriría por los filipinos sin ninguna duda”, dijo Duterte, alcalde de la sureña ciudad de Davao y que promete acabar con la delincuencia y la corrupción en Filipinas en seis meses si se convierte en presidente.

En Davao, cientos de miles de personas también se concentraron para mostrar su apoyo al popular político, al que llegaron a apodar como “Harry el Sucio” por sus campañas drásticas contra el crimen.

Las últimas encuestas dan como ganador a Duterte, con el 33 por ciento de intención del voto, seguido de Poe, con el 22 por ciento.

La senadora Poe, hija adoptada de una familia de actores y defensora de las políticas sociales, celebró un multitudinario mitin en la Plaza Miranda de Manila, el mismo lugar donde inició su campaña electoral hace tres meses.

En el populoso distrito de Quezon, en la capital, el ministro Mar Roxas reunió a miles de personas, entre las que estaba el presidente, Benigno Aquino.

El vicepresidente y candidato Binay, cuya popularidad bajó en picado en los últimos meses, cerró su campaña en el distrito de Makati, el centro financiero de Manila, del que fue alcalde durante años.

En las imágenes televisivas se podía ver al boxeador, congresista y candidato al Senado Manny Pacquiao en el escenario junto con Binay, su compañero en el partido Alianza Nacionalista Unida (UNA, en sus siglas en inglés).

La quinta candidata presidencial, Miriam Defensor Santiago, que según las encuestas sólo recibiría un 2 por ciento de los votos, decidió no celebrar ningún mitin, aunque un cientos de seguidores se reunieron a las puertas de su sede para animar con bailes y cantos a la aspirante.

La tensión electoral se disparó en Filipinas en los últimos días, en los que el actual presidente Aquino llamó en varias entrevistas con los medios locales a que los candidatos formen un frente común contra Duterte.

La petición se produce después de publicarse encuestas que atribuyen una amplia victoria a Duterte, fuertemente criticado por defender radicales métodos de lucha contra el crimen, como matar a los delincuentes y drogadictos.

Duterte ha sido acusado por sus rivales de ser demasiado autoritario, de no mostrar respeto hacia las instituciones del Gobierno filipino e incluso de que imponga una dictadura si llega al poder.

“La incertidumbre y el fantasma de la dictadura amenazan a nuestro país una vez más”, afirmó ayer el candidato Mar Roxas en una rueda de prensa que convocó para pedir a los filipinos que no voten a Duterte.

“Llamo a la unidad, a la decencia, a la democracia y al Estado de derecho”, agregó Roxas, considerado el sucesor del actual presidente de Filipinas, Benigno Aquino.

Roxas también instó a la candidata Grace Poe, segunda en la carrera hacia la presidencia, aunque a 11 puntos de Duterte, a aliarse con él para impedir que éste acceda al poder, algo que ella de momento rechaza.

A la posible victoria de Duterte se une la probabilidad de que Ferdinand “Bongbong” Marcos, hijo del dictador difunto Ferdinand Marcos, se convierta en el vicepresidente del país, lo que según algunos críticos supondría un riesgo de que Filipinas vuelva un régimen militar similar al derrocado en 1986.

Mas de 54 millones de filipinos están llamados a las urnas el 9 de mayo para elegir a su presidente, vicepresidente y senadores para un mandato de seis años, así como congresistas, gobernadores provinciales, alcaldes y gobiernos locales para un mandato de tres años.

El nuevo jefe del Estado reemplazará a Benigno Aquino (2010-2016) para un mandato único de seis años en una ceremonia de investidura que se llevará a cabo el 30 de junio.