Pekín, 15 jul (EFE).- China estabilizó su crecimiento económico en un 7 % interanual en el segundo trimestre del año, la misma cifra que en el primero, debido a que las medidas de estímulo de Pekín compensaron la tendencia a largo plazo a la ralentización.

El dato publicado hoy por el Consejo de Estado chino sorprendió a los analistas, que pronosticaban un incremento del producto interior bruto (PIB) del gigante asiático menor al registrado hasta marzo, y mostró que la economía sigue en línea con el objetivo oficial de crecer un 7 % en 2015.

En el cálculo entre trimestres, la segunda economía mundial se expandió un 1,7 % en el segundo trimestre con respecto al primero.

El PIB de China ascendió a 29,69 billones de yuanes (4,85 billones de dólares, 4,4 billones de euros) en el primer semestre, con un aumento acumulado interanual de un 7 % (cuatro décimas menos que el de un 7,4 % del conjunto del ejercicio pasado).

Aun así, el crecimiento de un 7 % interanual registrado entre abril y junio supone el menor ritmo de expansión de la segunda economía mundial en un trimestre desde el primero de 2009 (cuando creció un 6,6 %) y las bolsas chinas lo recibieron con fuertes caídas, que en el parqué de Shanghái fueron de un 3,03 %.

“El repunte en el crecimiento se debe a la fuerte inversión en infraestructuras y al relajamiento de la política monetaria”, explicó a Efe el subdirector del Instituto de Finanzas Internacionales de la Escuela Internacional de Negocios China-Europa de Shanghái (CEIBS), Gary Liu.

El portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas china, Shen Laiyun, destacó en rueda de prensa que el Gobierno chino “logró estabilizar” la economía, a pesar de afrontar unas “condiciones económicas externas y domésticas complicadas y una creciente presión bajista”.

La mayoría de los indicadores de la economía china fueron a la baja en abril y mayo, meses en los que incluso algunas de las principales fortalezas del país, como las exportaciones, retrocedieron e hicieron saltar las alarmas.

Además, en el primer trimestre bajó, por primera vez desde la crisis de 2008, un 6,17 % la creación de empleos urbanos -las cifras de ocupación en el ámbito rural no se publican con regularidad- y se tocó así la principal línea roja marcada por las autoridades.

El Gobierno se vio empujado a actuar para incentivar la actividad económica y recurrió al Banco Popular de China (central), que ya en noviembre rompió la política de no intervención de los dos años anteriores, para que hiciera más fluido el crédito.

El banco central chino rebajó en abril el coeficiente de caja -el dinero que los bancos no pueden prestar-, redujo los tipos de interés en mayo y, cuando en junio al enfriamiento de la economía real se unió un inesperado desplome bursátil, adoptó un “recorte doble” (de tipos y coeficiente) que no se veía desde 2008.

Durante este periodo puso también en marcha el nuevo mecanismo de deuda local, que permite a las administraciones provinciales y locales emitir directamente sus bonos al mercado y se espera que reduzca sus costes de financiación.

El resultado de esos estímulos apareció reflejado en junio en los repuntes de la inflación (de dos décimas hasta un 1,4 % interanual), las exportaciones (de un 2,1 % después de tres meses de caídas), la producción industrial (que subió dos décimas hasta un 6,3 %) y las ventas minoristas (de un 10,4 %, tres décimas más que en mayo).

“Estos estímulos ni son saludables ni sostenibles. La economía real sigue empeorando”, apuntó Liu, experto de CEIBS.

Sin embargo, el director de la división de deuda soberana en Asia Pacífico de la agencia de calificación Fitch, Andrew Colquhoun, declaró, en un comunicado, ver indicios de que, para la economía china, “el riesgo de caída, aunque innegable, retrocede”.

Colquhoun avanzó una mejora en el rendimiento de la economía a partir de la segunda mitad del año, pero recordó que la perspectiva a largo plazo pasa por una ralentización estructural.

Liu predijo que esa desaceleración podría llegar a dejar la tasa de crecimiento de China en alrededor de un 5 % en los próximos dos o tres años y advirtió: “la política de estímulos no es efectiva a largo plazo”.