Túnez, 3 oct (EFE).- La campaña electoral para las elecciones legislativas de este domingo en Túnez, las segundas en democracia, concluye hoy bajo la sombra de unas controvertidas presidenciales que deberán celebrar su segunda vuelta el próximo 13 de octubre y una gran inquietud por la fragmentación parlamentaria.

En total, más de 1.500 listas electorales se han presentado en todas las circunscripciones del país; de ellas, cerca de 720 representan a independientes, 700 a partidos y 160 a coaliciones. Además, 15.000 candidatos aspiran a ocupar los 217 escaños de la Asamblea de Representantes del Pueblo (ARP).

Unas cifras que desafinan con la percepción ciudadana sobre la clase política. En una reciente encuesta de la Instancia Nacional de Lucha contra la Corrupción (INLUCC), el 80 % de los tunecinos desconfiaron de los partidos políticos y un 75 %, de los diputados.

La Constitución de 2014 fijó un régimen semiparlamentario, para dar estabilidad al nuevo sistema y evitar recaer en el autoritarismo, y dio a la Cámara poder para designar al jefe de Gobierno y a los ministros. Un lustro más tarde, el papel del Legislativo ha sido un tema de debate constante en esta campaña electoral.

Según el último informe de la ONG Al Bawsala, que analiza el trabajo parlamentario durante estos cinco años, esta legislatura representa un «fracaso» en varios aspectos.

La principal razón: no haber cumplido con tareas prioritarias, como la creación y renovación de las cinco instancias públicas previstas en la Constitución. Sólo la Instancia Superior Independiente de las Elecciones (ISIE) ha sido renovada, mientras que el Tribunal Constitucional sigue pendiente desde 2015.

Para Lamine Benghazi, jefe de proyecto de la organización, otro de los motivos es el absentismo «catastrófico» que comenzó en 2014 con una media del 13 % de asientos vacíos y que alcanzo el 37 % en su cuarto año.

«El mayor problema lo encontramos en las comisiones, es ahí donde se lleva a cabo realmente el trabajo, pero está lejos de las cámaras, lo que hace que la cifra supere el 50 %», explica a Efe el activista.

A los numerosos escándalos de corrupción, la ausencia de investigaciones y la controversia sobre el derecho a la inmunidad, se suma el fenómeno conocido como «turismo parlamentario»: de 217 diputados, 87 cambiaron de bloque durante este mandato.

Del total de tránsfugas, 53 pertenecían al partido gobernante Nidaa Tunes, fundado por el fallecido presidente Béji Caid Essebsi y que se ha diluido en diferentes formaciones hasta pasar de 86 escaños a 25.

«Se ha criticado sus sueldos excesivos y subidas salariales, pero en realidad cobran 3.500 dinares (1.000 euros), el más bajo de la región. Por otro lado, el presupuesto del Estado para la Cámara es del 0,09 %, mientras que el de la Presidencia es 3,5 veces más. Se supone que estamos en un régimen parlamentario», se cuestiona el portavoz.

«El peor fracaso de la ARP es que no ha sabido ocupar el lugar que le corresponde según la Constitución, no haberse convertido en motor de las políticas que necesitaba el país y haberse sometido a menudo a las prioridades del Gobierno», concluye Benghazi, quien teme que todo esto se traduzca en una escasa participación.

Por su parte, Belgacem Ayachi, miembro de la Instancia para las Elecciones, defiende la «relatividad de las cifras».

«La participación en la primera vuelta fue del 49 % de un total de 7 millones de electores, mientras que en los comicios de 2014 participó el 60 % de 5 millones de votantes», subraya.

Para Ayachi, los tunecinos todavía no han «interiorizado» el cambio de sistema, de presidencial a parlamentario, pero confía en que «ese desfase irá desapareciendo en las próximas consultas».

Tampoco parecen haberlo integrado o aceptado los numerosos candidatos a la Presidencia, recuerda, que incluyeron en sus programas electorales revisar el sistema de gobernanza o reforzar las prerrogativas del jefe de Estado.

Según los sondeos internos -los públicos están prohibidos durante la campaña electoral-, el partido islamista Ennahda y el recién fundado Corazón de Túnez, del candidato a la presidencia Nabil Karoui (actualmente en prisión), se disputarían el primer puesto por escasos puntos de diferencia.

Las previsiones revelan, sin embargo, un mosaico parlamentario con los partidos independientes a la cabeza -vencedores de las últimas elecciones municipales de 2018- que dificultaría la gobernabilidad.

Frente a ellos, los partidos tradicionales tratan de presentarse como los únicos garantes de la estabilidad frente a los extremistas y los «antisistema».

Una vez anunciados los resultados definitivos, el partido más votado dispondrá de dos meses para formar un Gobierno que deberá obtener el apoyo de 109 parlamentarios. En caso contrario, el presidente de la República podrá proponer a un primer ministro que tendrá a su vez otros dos meses para llevar a cabo la tarea.

Natalia Román Morte

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