Nahal Oz (Israel), 7 jun (EFE).- Ante un campo de kibutz calcinado, a solo setecientos metros de Gaza, Daniel Rahamim, miembro de la comunidad agraria israelí de Nahal Oz, lamenta los daños causados por las cometas incendiarias lanzadas desde la Franja durante los últimos dos meses.

“Es muy frustrante ver como los campos de trigo trabajados durante meses queman en solo un minuto”, dice Rahamim, residente desde hace más de tres décadas en Nahal Oz, donde viven hoy 400 personas que se dedican exclusivamente a la agricultura.

Las tierras que trabaja la comunidad, en las que cultiva trigo, patatas y zanahorias, se difuminan con el paisaje de fondo, donde se observan los edificios de la Gaza capital y, a medio camino, en una zona militarizada, la valla de separación entre Israel y la Franja, bajo asedio israelí desde 2007, cuando el movimiento islamista Hamás se hizo con el poder en el enclave.

Desde que comenzaron las manifestaciones palestinas de la Gran Marcha del Retorno, el pasado 30 de marzo, los palestinos lanzan cometas y balones con gasolina y objetos incendiarios que se han convertido en el principal temor para los campesinos israelíes con terrenos próximos a la línea divisoria.

Hasta ahora, estos artefactos han provocado al menos 3.000 incendios y dañado mil hectáreas cuadradas de tierras de cultivo, según cifras de la Autoridad Nacional de Parques.

“Cada día se provocan entre 10 y 20 fuegos por las cometas incendiaras”, dice Yoram Levy, portavoz del servicio de bomberos israelí, activo de manera permanente para apagar los incendios y que recientemente ha reforzado sus efectivos instalando nuevas bases y centros de control en la zona.

Los bomberos, asegura Levy, tienen suficiente capacidad para lidiar con todos los fuegos, pero para mañana, ante las protestas convocadas en Gaza para conmemorar la Naksa (aniversario de la Guerra de los Seis Días), el Día de Jerusalén y el último viernes de Ramadán, obtendrán más refuerzos y se coordinarán con el Ejército y el resto de fuerzas de seguridad.

“Las cometas incendiarias son un objeto simple, pero pueden caer en cualquier parte y ser de gran peligrosidad”, explica Levy, aunque recalca que hasta ahora no han herido a civiles ni han causado daños en viviendas, pese a que algunos de los incendios más grandes casi llegaron a comunidades agrícolas como la de Or Haner, donde se logró apagar el fuego a poca distancia de la población.

Para las fuerzas de seguridad, los artefactos incendiarios son un nuevo fenómeno, y el Ejército ha establecido una unidad que intercepta los objetos con drones y otros mecanismos de tecnología óptica y de defensa.

Los últimos meses, señala el coronel Nadav Livne, Israel ha hecho caer más de 500 cometas y balones que han sido capturados por drones comandados a distancia que llegan a la velocidad de 150 kilómetros por hora.

“Esto no es un juego, es una guerra”, considera Livne, coordinador del equipo militar encargado de detectar las amenazas que cruzan la línea divisoria de Gaza.

En previsión del día de mañana, el Ejército israelí se prepara para doblar los efectivos destacados ante las protestas palestinas convocadas en las inmediaciones de la valla de separación, que se esperan multitudinarias después de que el comité organizador de la Gran Marcha del Retorno, representado por las diversas facciones palestinas, instara hoy a una participación masiva.

Desde hace diez semanas las protestas de palestinos se repiten en Gaza reivindicando su derecho al retorno.

Desde que comenzaron, más de 120 palestinos han muerto por fuego de soldados israelíes, tanto en las manifestaciones como en incidentes violentos en la frontera, según fuentes médicas palestinas.

Por Joan Mas Autonell