Daca, 8 oct (EFE).- La identificación de varios estudiantes entre los yihadistas que asaltaron hace tres meses un restaurante de Daca causando una veintena de muertos ha puesto en el ojo del huracán a las universidades bangladeshíes, que están pagando los platos del radicalismo y han sido obligadas a revisarlo todo.

Debabrata Bhoumik, un estudiante de Ciencias de la Informática de la Universidad Norte Sur de Daca (NSU), se siente avergonzado cuando tiene que mostrar su tarjeta de estudiante.

Como miembro del Club de Fotografía de la Universidad quería asistir a dos eventos en Canadá y en Australia en agosto pero los dos países rechazaron su solicitud de visado.

Finalmente pudo obtener un visado para ir a la India, pero sólo pudo entrar en ese país tras pasar un intenso interrogatorio en el mostrador de migraciones del paso fronterizo de Petrapole, entre ambos países.

“El oficial de inmigración se mostró muy curioso por mi identificación como estudiante de la NSU”, dijo a Efe Bhoumik.

“Me sentí muy avergonzado”, añadió.

El apuro del estudiante comenzó cuando se supo que al menos dos de los cinco terroristas que asaltaron el restaurante Holey de Dacca habían estudiado en esa universidad.

Hasnat Karim, un exprofesor de esa misma universidad, fue uno de los 13 rehenes rescatados con vida y fue arrestado posteriormente ante las sospechas de mantener vínculos con los asesinos.

La Policía también detuvo a Gias Uddin Ahsan, vicerrector en funciones del centro de estudios por alquilar su piso a los asaltantes.

Otro estudiante de la NSU murió durante un tiroteo con la Policía en julio, cuando insurgentes atacaron la mayor fiesta religiosa de Bangladesh por el final del ramadán, y a principios de 2013 siete alumnos fueron condenados por el asesinato del bloguero y activista laico Ahmed Rajib Haider.

Esta serie de eventos vinculados a estudiantes y profesores con actos terroristas ha estigmatizado una universidad de 17.000 alumnos, forzando a las autoridades a revisar el sistema completamente.

“Desafortunadamente, nosotros somos los que sufrimos más todo esto”, dijo a Efe Belal Ahmed, subdirector y portavoz de la universidad, que han llevado a cabo un masivo programa de concienciación y vigilancia desde el ataque.

Se reunieron con padres y responsables de los alumnos para concienciarles; invitaron a líderes de la alianza contra el terrorismo para que dieran charlas; crearon comités para que los profesores sigan a un número determinado de alumnos y aumentaron la capacidad de los servidores de internet para controlar la navegación de las más de 5.000 computadoras del centro.

No sólo eso, se revisaron las 200 cámaras del circuito interno de la universidad y se vigila si hay reuniones o discusiones.

“Es tan fuerte la vigilancia que si un móvil desaparece te lo devolverán en 10 minutos”, indicó.

Pero no es sólo la Universidad Norte Sur la que ha debido revisar todo lo que sucede en su espacio.

Harun-Ur-Rashid, vicerrector de la Universidad Islámica de Bangladesh, indicó a Efe que desde el ataque han controlado los alumnos que no han estado asistiendo a las clases.

“Les pedimos que se reportaran de inmediato y ofrecieran una explicación”, señaló, al comentar que la mayoría han dado respuestas satisfactorias pero aún no saben nada de cuatro o cinco alumnos.

Al igual que en la otra universidad, en esta han efectuado campañas de concienciación y eliminado cualquier texto y libro que pueda “fomentar la radicalización”.

“Fui a una reunión de vicerrectores de todas las universidades públicas el mes pasado donde discutimos este asunto, y me dijeron que en todas ellas se están dando paso similares”, afirmó.

Los lazos de las universidades locales iban más lejos, incluso a otros centros de estudios en el exterior.

Sin embargo, uno de los arrestados, Thamid Hasib Khan, un estudiante bangladeshí de una universidad canadiense que se encontraba entre los rescatados del restaurante, fue liberado el domingo pasado.

Tres meses después del asalto al restaurante Holey, a la Policía le faltan aún muchas piezas para completar el puzzle.