Bruselas, 19 abr (EFE).- La Unión Europea (UE) se muestra tajante a la hora de reconocer el horror sufrido por los armenios hace un siglo, pero evita pronunciarse oficialmente sobre si la matanza fue o no un «genocidio», por el efecto que ello podría tener en Turquía.

La resolución aprobada el pasado miércoles por el Parlamento Europeo volvió a poner sobre la mesa una cuestión espinosa que mantiene abiertamente enfrentados a Armenia y Turquía sobre la lectura histórica de la aniquilación de cientos de miles de armenios a manos del Imperio Otomano a partir de 1915, en el marco de la I Guerra Mundial.

La Eurocámara fue tajante a la hora de calificar el hecho de «genocidio» e instar a Turquía a «aprovechar la conmemoración de su centenario como una oportunidad importante para proseguir sus esfuerzos por asumir su pasado y reconocer el genocidio armenio».

En cambio, durante su intervención ante el pleno momentos antes del voto, la vicepresidenta de la Comisión Europea, Georgieva Kristalina, no quiso hacer uso de este término tabú para los turcos, aunque apeló a «no olvidar nunca la terrible atrocidad que aflige al pueblo de Armenia».

«Independientemente de las palabras que usamos para describir esos acontecimientos terribles, no puede haber una negación de su realidad histórica», dijo Georgieva.

Apenas se conoció la aprobación del texto llegó la reacción del Gobierno de Ankara, que tildó de «ridículo» el gesto y acusó a los eurodiputados de mantener una «postura selectiva y unilateral de los sucesos de 1915 (…) que puede dañar las relaciones entre Turquía y la Unión Europea».

«La resolución no fue bienvenida ni por el Gobierno turco ni por la sociedad del país y va a clavar una espina en las relaciones entre la UE y Turquía, pero éstas son demasiado importantes para ambas partes para verse radicalmente afectadas», aseguró a Efe Özgür Ünlühisarcikli, director de la oficina de Ankara del centro de estudios German Marshall Fund de Estados Unidos.

Turquía reconoce que la decisión de las autoridades otomanas de deportar a la población armenia de Anatolia hacia Siria causó 500.000 muertos, frente a la estimación habitual de 1,5 millones, pero niega que estos hechos fueran un genocidio.

«Por supuesto, el genocidio armenio es una cuestión candente en términos políticos, pero desde el punto de vista académico, el Parlamento Europeo dijo lo obvio», apuntó a Efe Olaf Boehnke, especialista en Turquía y director de la oficina de Berlín del European Council on Foreign Relations.

Sin embargo, el poder de definir el rol y la postura global de la Unión Europea en este asunto -y cualquiera relacionado con la política exterior- no está en manos de la Eurocámara, sino en la de los Estados miembros a través de la institución que les representa en Bruselas, el Consejo.

Entre los Veintiocho no hay unanimidad sobre el genocidio, que es reconocido por algunos socios, como Francia -cuyo Parlamento debatió un proyecto de ley para penalizar la negación del mismo que no llegó a ver la luz-, pero no por otros, como España.

«Hay una tendencia general en Europa de que los gobiernos tratan de evitar caracterizar lo que sucedió hace cien años como un genocidio», señaló Boehnke.

El experto apuntó al caso de Alemania, donde el Parlamento preparó una «resolución comparable» a la del Parlamento Europeo, pero la ejecutiva de los principales partidos, la CDU de Angela Merkel y el Partido Socialista de Gabriel Sigmar, «eliminó la palabra genocidio de todo el documento».

Donde sí hay unanimidad es en la importancia de que la Unión Europea fomente la reconciliación entre Armenia, país que abandonó las conversaciones de libre comercio con el bloque para unirse a la unión aduanera Euroasiática promovida por Rusia, y Turquía, la eterna candidata a la adhesión, pero las divergencias surgen respecto a cómo hacerlo.

El grupo informal de «Amigos de Turquía» del Parlamento Europeo advirtió, en un comunicado sobre la resolución, que la «presión externa respecto al reconocimiento del genocidio no ha ayudado a la reconciliación; al contrario, alimenta el nacionalismo reaccionario y dificulta el diálogo».

En la misma línea, Georgieva destacó que en la última década se ha dado una «apertura» en Turquía respecto a la cuestión armenia, que debe ser «reconocida, fomentada y protegida, incluida a través de mensajes bien calibrados de la Unión Europea».

En cambio, Boehnke considera que el reconocimiento del genocidio por parte de la Eurocámara «puede dificultar a corto plazo las relaciones entre la UE y Turquía, pero a largo plazo respaldará a aquellos grupos turcos pro-europeos como el movimiento joven de Taksim y los laicos».

«La UE no solo es un mercado único, también una alianza de valores y los europeos deben abrazarlos», añadió.