Lisboa, 3 abr (EFE).- El precio de la vivienda ha seguido subiendo en Portugal pese al fuerte golpe que ha sufrido la economía con la pandemia de coronavirus, que no ha aliviado los problemas para acceder a una casa en el país, según alertan asociaciones, preocupadas con la vulnerabilidad social de los portugueses.

El enorme auge sufrido por el mercado inmobiliario luso en los últimos años no se ha revertido con el mazazo del coronavirus, y aunque los precios no han subido a un ritmo tan alto como en ejercicios anteriores, sí que han mantenido su tendencia al alza.

El precio de la vivienda aumentó en un 8,4 % en 2020, según el Índice de Precios publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), tan solo 1,2 puntos menos que en 2019.

A pesar de que en 2020 se vendieron 171.800 viviendas, un 5,3 % menos que el año anterior, reflejo del pinchazo de la economía, el valor total de las casas vendidas se incrementó en un 2,4 %, lo que demuestra el aumento de los precios.

Una subida «increíble», en opinión de Rita Silva, portavoz de Habita!, una asociación de Lisboa en defensa del derecho a la vivienda que alerta también de que el panorama no es mejor en el mercado del alquiler.

En zonas como Lisboa, Oporto o el Algarve, «el precio del alquiler es superior a los salarios» en muchos casos, denuncia Silva.

Quien busque piso en la capital puede encontrarse con ofertas de casas de una sola habitación que rondan los mil euros, en un país donde el salario mínimo está en 665 euros.

INCERTIDUMBRE POR LA PANDEMIA

«Los desalojos están suspendidos de momento», indica Silva, que recuerda que esta es una de las medidas que el Gobierno puso en marcha junto con moratorias para el pago de créditos debido a la pandemia.

Esas moratorias van a «levantarse» este mes, y desde Habita! avisan de que habrá una «situación explosiva» de desalojos.

Desde Habita! ponen sus esperanzas en el plan de Recuperación y Resiliencia -dotado con fondos europeos para la covid-, a través del cual el Gobierno planea poner en el mercado 26.000 casas de vivienda pública hasta 2026, aunque la asociación considera que la medida «no es suficiente».

«Falta vivienda pública», sentencia Lurdes Pinheiro desde otra asociación en defensa del derecho a la vivienda digna, Morar em Lisboa («Vivir en Lisboa»).

Para paliar la falta de vivienda social, se puso en marcha hace dos años un programa de alquiler accesible en el que los propietarios reciben exenciones fiscales a cambio de rebajar el precio del alquiler al menos en un 20 % por debajo de la media del mercado.

«El programa está mal diseñado, no funciona», explica Silva desde Habita!, que cuenta que desde que se puso en marcha en 2019 solo se han tramitado alrededor de trescientos contratos.

«Los propietarios no se apuntan y los inquilinos que buscan casa no consiguen acceder a ella», y asegura tajante: el programa es «un bonito eslogan y poco más».

Ambas asociaciones piden más vivienda pública, que consideran como la única solución a la crisis inmobiliaria de Portugal.

INFLACIÓN EXTRANJERA

Si aumentar la vivienda pública es la solución, apuntan el dedo como una de las causas de la inflación de la vivienda en Portugal al capital extranjero, a través de dos legislaciones: las Golden Visa y el programa de exenciones fiscales a residentes no habituales (NHR).

Gracias al NHR, puesto en marcha en 2009, los jubilados no pagaban impuestos sobre sus pensiones tanto en su país de origen como en Portugal si entre ambos Estados había acuerdo, como era el caso de Francia, Alemania o Suecia.

«El mercado estaba cada vez más desasociado al poder adquisitivo de quien vive y trabaja en Portugal, son personas que tienen ingresos muy superiores y que están dispuestos a pagar más por la vivienda si eso significa dejar de pagar impuestos», cuenta Rita Silva.

Portugal modificó a principios de 2020 la norma, por la cual todos los jubilados «residentes no habituales» empezaron a cotizar un 10 %, cifra que en muchos casos sigue siendo muy lejana a lo que cotizarían en sus países de origen.

Por otro lado, el programa de Golden Visa concede visados de residencia a cambio de la compra de una vivienda por al menos medio millón de euros, y es muy popular entre inversores extranjeros porque permite moverse libremente en el espacio Schengen.

El Gobierno acaba de aprobar una reforma de este programa, que dejará fuera a las inversiones en Lisboa, Oporto y todo el litoral luso y quedarán limitadas al interior del país, región muy afectada por la despoblación, y a los archipiélagos de Madeira y Azores.

Irene Barahona

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