Bruselas, 6 jun (EFE).- Los ministros de Defensa de la OTAN preparan mañana y el viernes la cumbre de líderes de la Alianza de julio en un contexto de división entre Estados Unidos y Europa en ámbitos como el comercio, el acuerdo nuclear iraní y el cambio climático, tras las medidas unilaterales de Washington al respecto.

Además, sobre la mesa está la exigencia de la Casa Blanca a los socios del Viejo Continente de destinar al menos un 2 % de sus PIB al gasto en defensa de aquí a 2024, un punto que también ha generado tensiones por el interés del presidente Donald Trump en alcanzar esa cifra lo antes posible.

No obstante, el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, aseguró hoy que los “serios” desacuerdos sobre el comercio, el cambio climático o el pacto iraní entre los aliados no debilitan la Alianza.

“Mi mensaje es que, pese a esos desacuerdos, debemos asegurar que seguimos reforzando y sosteniendo la cercana asociación en seguridad entre los aliados de la OTAN. La buena noticia es que, pese a esas diferencias serias, hemos sido capaces de hacer exactamente eso”, afirmó el político noruego.

Stoltenberg se expresó en ese sentido durante la rueda de prensa previa a la reunión ministerial, donde recalcó que “no se ve ningún debilitamiento” del vínculo transatlántico de la OTAN, sino que este se ha fortalecido.

De todas formas, fuentes diplomáticas reconocieron que esos desencuentros “inciden negativamente en la salud y fortaleza” de la relación transatlántica.

El secretario general precisó que la presencia militar estadounidense ha aumentado en el Viejo Continente y los países europeos han incrementado sus inversiones y gastos en defensa.

“Creo que es posible limitar las repercusiones, los efectos negativos sobre la OTAN. No digo que no sea serio, no digo que no esté preocupado, pero digo que hemos demostrado con anterioridad que es posible tratar los desacuerdos sin debilitar la OTAN”, comentó.

En cuanto al gasto militar, la embajadora estadounidense ante la OTAN, Kay Bailey Hutchison, aseguró que el reparto de la carga es “una parte muy importante” de la Alianza y admitió que destinar el 2 % del PIB a las inversiones en defensa será “un problema” hasta que se alcance esa cuota.

Sin embargo, constató que se está caminando “en la dirección adecuada” y anticipó que cuando se publiquen los datos finales de gasto relativos a 2018 “probablemente” sean las mayores incrementos anuales desde la Guerra Fría, si bien instó a los países que no han presentado aún sus planes para llegar al 2 % a hacerlo.

Algunos Estados, entre ellos España, insisten en que la contribución en defensa no debe medirse únicamente por el umbral del 2 %, sino también por la inversión en capacidades (material o equipamiento), dado que los aliados se comprometieron también a dedicar un 20 % de su gasto a esta partida en 2024.

España llega prácticamente a este umbral (un 19,31 % en 2017), pese a ser el tercer país con menor gasto militar total (0,93 % del PIB), y destaca también por su participación en las misiones, otro aspecto con el que espera hacer ver a Trump sus esfuerzos para una mayor contribución en la Alianza.

El propio Stoltenberg compartió ese planteamiento, tras constatar el fin de los recortes y el aumento de las partidas para la defensa, y adelantar que mañana anunciará los primeros datos de 2018 sobre gasto.

“El reparto de la carga no solo trata del dinero, sino también de las capacidades y las contribuciones (a las misiones y operaciones). Aquí también la tendencia va al alza”, dijo.

Preguntado por las declaraciones del nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, quien aseguró que promoverá “una apertura a Rusia” y “la revisión del sistema de sanciones, sobre todo, las que afectan a la sociedad civil”, Stoltenberg dio la bienvenida a la decisión del mandatario de “dialogar” con Moscú, pero consideró “importantes” las sanciones a Rusia por sus acciones en Ucrania.

En la reunión de esta semana la OTAN también debatirá la llamada iniciativa de los “cuatro ’30′”, un plan que los aliados quieren tener listo de aquí a 2020 para reforzar y agilizar la disponibilidad de sus fuerzas por tierra, mar y aire, y que prevén aprobar también en la cumbre de julio.

El objetivo es que los países tengan capacidad para desplegar en esa fecha 30 batallones mecanizados, 30 escuadrones de aviones de combate y 30 navíos de guerra, en un plazo máximo de 30 días, una serie de “fuerzas ya existentes”, precisó Stoltenberg, pero que la OTAN quiere tener preparadas para un eventual combate.

Está previsto que el viernes los ministros aborden entre otros asuntos la relación entre la Alianza y la Unión Europea, con la participación de la alta representante europea para la Política Exterior, Federica Mogherini.