Lisboa, 4 jul (EFE).- Tres meses antes de los comicios generales, la crisis griega agitó esta semana la precampaña electoral en Portugal y permitió al Gobierno conservador luso encontrar nuevos argumentos para recuperar terreno en los sondeos.

Mientras voces externas ya apuntan a Lisboa como el escenario de la próxima crisis si Atenas acaba por abandonar el proyecto del euro, en el interior del país se confía en salir prácticamente indemne de las turbulencias helenas cuando sólo faltan 24 horas para el referéndum.

Más allá de si vence el “sí” o gana el “no” en Grecia, en suelo luso las consecuencias financieras de la inestabilidad generada por esta nueva crisis fueron de momento limitadas y se mantienen las optimistas previsiones de crecimiento.

Desde el anuncio del referéndum, la presión de los mercados sobre la deuda portuguesa a 10 años subió ligeramente, con los intereses en torno al 3 %, y la Bolsa de Lisboa moderó sus pérdidas iniciales hasta ceder un 5 % al cierre de la semana.

Fuentes del sector financiero luso consultadas por EFE coincidieron en apuntar que la exposición de Portugal a Grecia es hoy por hoy escasa, por lo que su impacto será más bien indirecto y dependerá de cómo responda la UE.

“No es una tragedia, podrá ser contenido, pero tendrá consecuencias”, resumió un directivo bancario.

El debate en torno a Grecia, por el contrario, supuso una sacudida en el plano político, con las elecciones previstas para finales de septiembre o principios de octubre.

“El Partido Socialista portugués no ha logrado gestionar bien esta cuestión y esta crisis es más favorable al Gobierno en términos de opinión pública”, señaló hoy en un encuentro con periodistas el economista e investigador Pedro Lains, del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

El líder del principal grupo de la oposición y candidato a los comicios, António Costa, saludó con entusiasmo la llegada de Syriza al Ejecutivo heleno en enero de este año y lo consideró “una señal más” de cambio en Europa.

Ahora, la formación que encabeza rechaza cualquier comparación con el partido griego y lamenta la posición negociadora de Syriza por buscar la “confrontación” más que el acuerdo.

Medios y analistas internacionales de orientación conservadora retrataron al antiguo alcalde de Lisboa como un convencido anti-austeridad que podría seguir los pasos de Alexis Tsipras, lo que contrasta con la imagen de Costa en Portugal, donde es visto como un candidato moderado.

Crítico con la estrategia del Ejecutivo, propone acelerar el alivio de la presión fiscal y dar más ayudas a los salarios más bajos, pero descarta un aumento excesivo del gasto público.

La ventaja de los socialistas en las encuestas ha ido cayendo paulatinamente y hoy las distancias son mínimas entre ellos y la coalición conservadora en el poder.

El economista Pedro Lains subrayó que los gobiernos europeos han logrado convencer a una mayoría de sus ciudadanos de que “pagar la deuda es cosa de gente de bien”, a pesar de que a nivel de Estados “no funcione igual” que en casos individuales.

Este clima de opinión también se observa en Portugal pese a los tres difíciles años vividos bajo la asistencia financiera internacional (2011-2014), cuando el actual Ejecutivo conservador luso aplicó a instancias de la troika un severo programa de austeridad del que salió con éxito en mayo del año pasado.

El primer ministro luso, Pedro Passos Coelho, se refirió con dureza a la actitud de Syriza y rechazó cualquier tipo de concesión a Atenas.

Su Gobierno, acusado frecuentemente de haber ido con los recortes más allá de lo exigido por la troika, defendió desde el inicio de legislatura que Lisboa y Atenas nada tenían que ver, un eslogan que ha recuperado actualidad.

El último en sumarse a la campaña fue el expresidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, quien salió a la palestra para subrayar que lo que está pasando en Grecia “es exactamente lo mismo que podría estar pasando en Portugal si no fuese por la determinación del Gobierno y su primer ministro”.